Para ocupar lugar hay muchos libros: Entrevista a Benjamín Prado

Escrito por Germán Gallo Noviembre - 26 - 2009

Benjamín está con una camisa celeste. Responde a las preguntas de una periodista y mientras ella termina yo pienso en las cosas que quiero preguntarle. Me acuerdo que unos días atrás lo escuché lleno de sorpresa recitando sus poemas en la Feria del Libro, me acuerdo cómo hizo navegar a todo el público por su “Marea Humana”, y la forma en que palabra tras palabras parecía desenterrar algo de cada persona. Es que cómo el mismo me va a decir dentro de un rato, un poeta es un desenterrador de tesoros, y a pesar de que su obra es muy amplia y cuenta con la publicación de varias novelas, Benjamín Prado es ante todo un poeta. Escribiendo canciones solo o escribiéndolas con Joaquín Sabina, publicando periódicamente en el diario “El País”, ha­ciendo prosa; y dentro de un rato me mostraría que también hablando. Me llaman porque ahora es mi turno y trato de olvidarme de que es uno de mis escritores favoritos porque no quiero tartamudear, tengo ganas de escucharlo. A eso vine, no a preguntarle cosas, a escucharlo.

Benjamín Prado

Germán Gallo: Lo primero que publicaste fue el poemario Un caso senci­llo cuando tenías casi 25 años.
¿Cómo fue el momento en que reconociste que la poesía que escribías merecía ser publicada?
Benjamín Prado: Me equivoqué. Porque luego de publicarlo me di cuenta de que no lo merecía tanto. Entonces lo que hice con ese libro durante años -además de ir escondiéndolo en las librerías- es que cuando alguien iba a una feria del libro y me lo traía para que se lo firmara le decía: “damelo y te lo cambio por dos nuevos”. (risas).
Luego cuando publiqué una poesía completa, que se llama Ecuador (acaba de salir la reedición) lo reescribí todo, pero lo reescribí hasta el punto de que la mayoría de los poemas sólo tienen el título.
Uno tiene la sensación de que lo que escribe le interesa leerlo a alguien. Yo tuve mucha suerte, a los diecisiete años conocí a Alberti, me hice amigo de él.
De hecho hubo una vez que salieron al mismo tiempo un libro de Alberti, uno de Joaquín Sabina y uno mío, e íbamos los tres girando por ahí, así en una especie de lecturas muy divertidas.
Lo  escribí y tuve la suerte de que alguien lo quisiera publicar. Y no lo sé, ya está ahora. (risas).
GG: A fines del año pasado diste una clase magistral en Madrid referida principalmente a la poesía, y en un momento dijiste que la idea de un poema es que encuentre el misterio exacto de las cosas. ¿es posible que un poema encuentre eso o no vale la pena la búsqueda?
BP: Lo que no vale la pena es no intentarlo. Yo creo que escribir es desenterrar un tesoro de algún sitio. Uno tiene que salir siempre con una pala en la mano. Para ocupar lugar hay muchos libros ¿Por qué no intentar escribir cosas que sean nuevas, que digan algo profundo? Por lo menos intentarlo.
Un escritor es muchas cosas, tiene que ser un inventor, tiene que ser un desenterrador, tiene que tener una cierta originalidad en lo que hace.
No me interesa realmente escribir por escribir. Podría hacerlo. Si me pongo a escribir poemas puedo escribir diez a lo mejor, en una mañana; pero prefiero escribir uno cada diez meses y que sea exactamente lo que yo quiero hacer.
GG: ¿Cómo reconoce uno cuando eso que hizo, es exactamente lo que quería hacer?
BP: Leyendo. Encontrar una metáfora buena es como meter un gol en el ángulo. Messi mete goles así, pero no los metería si de lunes a viernes no fuera al gimnasio y a entrenar. Yo creo que el ejercicio físico, la preparación del escritor, es la lectura; el gimnasio son los libros de los demás, allí es a donde vas a ponerte fuerte; y luego el campo de juego son tus escritos.
Pues, de esa manera. Entrenando, leyendo. Trabajando mucho.
Si no, uno se puede convertir en descubridor de mediterráneos como decimos en España. Y de pronto pensar que ha creado una maravilla y resulta que ya lo había hecho otro treinta años antes y tú no lo sabes porque no lo has leído.

Benjamín Prado
GG: En la misma clase decís Contra todas las manipulaciones, invasiones, de la realidad en la vida de las personas, contra todas esas corrientes que no nos dejan nadar, que nos arrastran a todos por el camino de las mayorías políticas, de las ma­yorías económicas. La única manera de oponerse a ello es a través de la inteligencia y no creo que haya un camino hacia la­ ­inteligencia mejor que el camino que te ofrece la literatura, un camino mejor que te ofrece la poesía.
¿Qué es lo que hace que la literatura, y particularmente la poesía sea el mejor camino hacia la inteligencia?
BP: Una de las cosas que he aprendido de Rafael (Alberti) es a tener fe en la importancia de la cultura, y de la poesía también. Pero dentro de la realidad, dentro de la sociedad.
Los libros no sirven sólo para entretener, o sea, está de puta madre que entretengan, si no me entretiene lo tiro por muy importante que sea lo que dice. Pero están para otras cosas también, por ejemplo para mejorar las cosas a su alrededor. Por lo menos para evitar que las cosas se escondan. La poeta Ingeborg Bachmann tiene un verso que me gusta mucho y dice que se escribe para no negar el dolor. Eso me parece fantástico. Lo tengo en cuenta siempre cuando escribo.
Claro que creo en la importancia civil, e incluso política si quieres de la literatura. Pero no se trata de escribir encima de una bandera ni de ponerle un carnet a los poemas, se trata de estar con los ojos abiertos y ver un poco lo que ocurre alrededor.
No es muy fácil escribir sobre la primavera, sobre alguien que te gusta, sobre, en fin, cosas agradables. Pero también hay que escribir sobre las otras. ¿Cómo no escribir en España un poema sobre la inmigración? Yo lo he hecho. ¿Cómo no escribirlo? Si hay tantas personas que están siendo explotadas, y hay una actitud tan fea, de gente que actúa ya con unos rasgos de xenofobia intolerables. Pues yo creo que sobre eso hay que escribir.
Escribir te proporciona un placer, pone un lujo al alcance de tu mano que es el lujo ser escuchado. Yo voy por ahí, por los sitios y soy el que se sienta “al otro lado del micrófono” y entonces me escuchan. Hay poca gente que te escucha en la vida. Tu eres muy joven, pero ya lo verás con el tiempo. Gente que te escuche, que oiga lo que dices, vas a encontrar poca. Gente que mientras hablas esté pensando en “a ver si te callas ya” porque están pensando en lo que ellos van a decir a continuación, vas a encontrar más. Entonces ¿Cómo desaprovechar el privilegio de ser escuchado?
GG: Y en consonancia con este tipo de temas sociales, ¿cómo hace uno para distinguir si lo que está haciendo es literatura o discurso político?
BP: Yo creo que hay que ser honrado. Decir las cosas que realmente uno piensa. pero también pensar las cosas que uno dice. Creo que uno tiene que argumentar. Que uno tiene que buscar razones, no emociones.
Yo de las emociones no me fío nada. A la hora de escribir no hay nada peor que las emociones, no hay nada peor que esos conceptos absurdos de la inspiración, del arrebato, la idea de que el poeta es más sentimental que las otras personas, eso no es así. Creo que a la hora de escribir hay que seguir un modelo parecido al que se sigue a la hora de enfadarse. Tu te enfadas con alguien, y si cuando estás muy enfadado te pones a discutir, realmente vas a decir cosas que no sientes, vas a gritar más de la cuenta, vas a pasarte de la raya seguramente. Es mejor dejar que se enfríe, largarte y volver al rato, si es una persona que te interesa. Volver al rato y entonces hablar con más calma. Creo que para escribir está bien pensar lo mismo. Cuando estás muy caliente, cuando estás muy agitado, cuando estás en una situación de emotividad muy grande, es mejor no escribir, es mejor dejarlo, irse a tomar una copa y volver al rato.
El poeta William Wordsworth , romántico ingles, decía que escribir es rehacer una emoción en calma. Y emoción está bien. Pero está muy bien rehacer, y está muy bien calma. Hay que tener en cuenta las tres patas de esa banqueta.

Benjamín Prado
GG: Anteriormente hablabas de lo afortunado que fuiste al conocer a Alberti ¿Qué otras amistades con escritores tuviste?
BP: Escritores amigos, miles. Yo he tenido suerte con eso. Porque fui muy amigo de Rafael (Alberti),  fui amigo de Jaime Gil de Biedma, fui bastante amigo de Octavio Paz, fui muy amigo de Ángel González. Estrechísimo amigo. He tenido suerte porque conocí mucha gente.
Además, durante unos años me dediqué al periodismo aunque a mi sólo me importaba la poesía. Veía al perio­dismo como una autopista a la poesía, porque me permitía trabajar en un periódico y enviarme a mi mismo a Londres y entrevistar a Stephen Spender, y estar ahí en la casa donde estuvieron escritores de la talla de Auden, o Eliot.
El periodismo me ha permitido muchas cosas también desde el punto de otra poesía que me interesa mucho que es la poesía de la música, la poesía del rock. Pues gracias al él yo he podido entrevistar a Keith Richards un par de veces, a Paul McCartney, a Patti Smith, a Leonard Cohen.
Rafael siempre decía no hagas nada que te aleje de tu poesía, no escribas tonterías, no escribas cosas que te saquen, que te pongan el tren en otro carril, que te lleven para otra parte. Y eso nunca lo he olvidado y siempre que hago cosas las hago pensando que de alguna manera me pueden ayudar para un poema o para una novela o que están en el mismo camino. Eso de no cambiar el tren de carril me parece interesante.
GG: ¿Cómo hacés para comenzar un nuevo poema? ¿De dónde partís?
BP: Yo tengo que tener una idea. Tengo que saber –en un poema, en un relato, o en una novela-  exactamente sobre qué quiero escribir. Tengo que saber por qué. Y tengo que saber qué le quiero hacer al que lea. Rehacer, acuérdate. Rehacer en el lector. Es como transplantarlo. Escribir es un acto de botánica casi. Es coger esa emoción de la que habla Wordsworth y plantarla en la cabeza o en el corazón del que lee. Que sienta eso.
Por eso no hay que escribir sobre personajes y cosas concretas. Por eso yo escribí Marea Humana, que habla sobre arquetipos.
Escribir un poema sobre si estoy triste o alegre creo que no tiene mayor interés. Lo que tiene interés es escribir un poema sobre la tristeza o sobre la alegría y conseguir que el que lee piense “Es verdad”. Ese es el mejor piropo. “Así es e­xactamente como me siento yo en tal caso” Ese es el trabajo de escribir.
La gente sabe que yo escribo para mi, antes preguntabas por qué había publicado. Pues si no hay unas tapas y una imprenta para publicar me parece de puta madre escribir para uno mismo, pero por la misma razón que a mi me gusta un fin de semana ir a jugar con los amigos al futbol un partidito. No voy a jugar en el Real Madrid, ya lo hice de hecho (le pregunto si es en serio y me dice que sí, hasta los juveniles). No voy a ganar la liga, y además ya se me ha pasado el arroz para eso, pero me divierto.
También así se puede escribir, no todo el mundo va a escribir desde el punto de vista “profesional”, pero a mi me parece importante darle una dignidad de trabajo, de empleo. Yo soy el empleado de mis libros de alguna manera.
Ahora, si vas a publicar, tomatelo en serio, no llenes las estanterías de libros absurdos que no merecen la pena, y si tienes la más mínima sospecha de que van a ser absurdos (silencio) sigue leyendo.

GG: Conversación en la isla es una de mis poemas favoritos. En uno de sus versos dice que “La poesía empieza cuando ya has olvidado qué es lo que te asustaba pero aún tienes miedo” ¿Estás de acuerdo con lo que dice este personaje con el que hablás en primera persona?
BP: Claro, es como te mencionaba anteriormente.
No son cosas concretas, no es algo concreto. No es que uno tenga que escribir un poema sobre un torturador, sino sobre la tortura. No sobre un tipo que está solo, sino sobre la soledad en general.
Creo que esa es la tierra donde crecen los poemas. En la otra no, en las otras crecen las conversaciones, los debates, las opiniones tajantes. La poesía siempre tiene que salir de la reflexión. No puede salir de la emoción sino de la reflexión. Pero una reflexión que tenga sentimiento, por eso dice ­cuando aún tienes miedo. Que podría ser cuando aún estás alegre, o de cualquier forma, pero cuando tienes el aroma.
Yo creo que es muy importante en los libros, y para escribir libros, saber cuál es el aroma de las cosas. Más que las cosas concretas.
Ayer estuve dando una vuelta aquí en barco por el Tigre y pensé Sería lindo escribir un relato sobre esto. Pero no tanto sobre “esa casa” o “este río Sarmiento” en concreto. Sino sobre la sensación, de lo que puede ser estar aquí. No sé, algo así.
De ahí han salido muchos escritores..
GG: Entonces vos estás todo el tiempo “a la caza” de los poemas o lo que vayas a escribir.
BP: Así es, y es una putada (risas). Está uno todo el tiempo a ver qué pesca. Por eso me gusta mucho el fútbol . Estoy ahí 90 minutos en los que no digo nada ni siquiera medianamente inteligente, pura diversión.
En el fútbol desde el minuto uno, en los bares desde la tercera copa. (risas)

GG: ¿Cómo podrías definir con un verso lo que sea que te resulte más importante en el mundo?
BP: Puf. Esa es una pregunta muy difícil, porque hay muchos versos que se podrían decir. Yo siempre digo que la frase más hermosa que se ha inventado en la humanidad la dijo ­Voltaire: Me repugnan sus ideas, pero daré mi vida por defen­der su derecho a expresarlas. Creo que esa idea está bien te­nerla siempre a la hora de escribir.
Una de las mayores cosas que se puede conseguir en un poema o en una novela es poner un radar dentro que capte todo lo que pasa, todo lo que se acerca, todo lo que hay. Que la ficción consiga expresar todos los extremos de la realidad. No sólo el que a ti te interesa. Por eso pasa a veces que hay una literatura corta, mucho menos ambigua que la propia realidad…
Pero no sé, un sólo verso sería muy difícil.

Link Poemas de Benjamín Prado

Las fotos del post pertenecen a Paloma Berreto, la filmación del poema El optimista recitado en la feria del libro a Rocío

But the inner heart…

Escrito por Pedro Medei Noviembre - 26 - 2009
1984

1984

En “1984George Orwell cuenta la historia de un régimen totalitario que a través de una atenta mirada a los sistemas similares ya acontecidos como el nazismo o el socialismo y a los errores que llevaron a éstos a su fin, dice encontrar la manera de evitar la pérdida del poder perpetuando así para siempre el dominio del famoso “Partido” . Criticando la debilidad de los sistemas que buscaron sostener su poderío a través de mentiras camufladas con vestigios de humanismo y justicia social, el Partido se consagra bajo los lemas de “Guerra es Paz”, “Libertad es Esclavitud” e “Ignorancia es Fuerza” y domina desde la vieja pero necesaria figura del líder el cual a diferencia del Fürher o el Duce, nunca ha sido visto y se conoce como “Gran Hermano”. El mismo, inspirador del nuevo “opio de los pueblos” (base literaria del ­reality show internacionalmente conocido como “Gran Hermano” o “Big Brother”), se manifiesta a sus seguidores a través de pantallas que se ubican en las calles, lugares públicos y casas privadas, desde donde da a conocer sus órdenes y vigila no sólo que éstas sean cumplidas, sino también que se sean acatadas de buen grado y con la gratitud que la magnitud del “Big Brother” se merece. De ésta manera, el partido no sólo dispone controlar de las acciones de sus sometidos sino también del pensamiento. Para ello cuenta específicamente con lo que hoy sería una fuerza de choque (si bien en el libro esta es legal porque las leyes no existen) llamada la Policía del Pensa­miento, la cual se encarga concretamente de seguir y arrestar a los criminales del pensamiento, quienes son desaparecidos durante las noches y borrados de la historia. A su vez, el Partido cuenta con otra herramienta fundamental que es el desarrollo del “neo-lenguaje” el cual consiste en la reducción progresiva del lenguaje hasta el punto de alcanzar una lengua que no permita poder desarrollar un pensamiento verdadero, mucho menos revolucionario.

En este desesperante contexto, Wiston, el personaje principal del libro, se anima a dar el paso y lanzar el desafío de mirar a lo más hondo que el hombre tiene a fin de reconocer que la circunstancia no se constituye como algo determinante (ver cita en español):

“He thought of the telescreen with its never-sleeping ear. They could spy upon you night and day, but if you kept your head you could still outwit them. With all their cleverness they had never mastered the secret of finding out what another human being was thinking. Perhaps that was less true when you were actually in their hands. One did not know what happened inside the Ministry of Love, but it was possible to guess: tortures, drugs, delicate instruments that registered your nervous reactions, gradual wearing-down by sleeplessness and solitude and persistent questioning. Facts, at any rate, could not be kept hidden. They could be tracked down by enquiry, they could be squeezed out of you by torture. But if the object was not to stay alive but to stay human, what difference did it ultimately make? They could not alter your feelings: for that matter you could not alter them yourself, even if you wanted to. They could lay bare in the utmost detail everything that you had done or said or thought; but the inner heart, whose workings were mysterious even to yourself, remained impregnable.”

Sin embargo existe un factor que sí es determinante y que Wiston olvida en ésta apreciación, factor que sólo logra reconocer cuando ya es tarde, cuando su libertad y las hojas de Orwell se terminan. Y es el factor tal vez más dramático por ser aquel que existe fuera de las posibilidades de uno: el otro. Es sólo ­cuando Wiston pierde al otro (encarnado en la figura de Julia, persona con la que sostiene una re­lación de noviazgo en la que realmente puede ser él mismo, a través de la cual puede ser más hombre), que pierde aquel pilar en el que se sostiene “el fondo de su corazón.” Un corazón misterioso incluso para su dueño…

George Orwell

George Orwell

Y pensó en la telepantalla, que nunca dormía, que nunca se distraía ni dejaba de oír. Podían espiarle a uno día y noche, pero no perdiendo la cabeza era posible burlarlos. Con toda su habilidad, nunca habían logrado encontrar el procedimiento de saber lo que pensaba otro ser humano. Quizás esto fuera menos cierto cuando le tenían a uno en sus manos. No se sabía lo que pasaba dentro del Mi­nisterio del Amor, pero era fácil figurárselo: torturas, drogas, delicados instrumentos que registraban las reacciones nerviosas, agotamiento progresivo por la falta de sueño, por la soledad y los interrogatorios implacables y persistentes. Los hechos no podían ser ocultados, se los exprimían a uno con la tortura o les seguían la pista con los interrogatorios. Pero si la finalidad que uno se proponía no era salvar la vida sino haber sido humanos hasta el final, ¿qué importaba todo aquello? Los sentimientos no podían cambiarlos; es más, ni uno mismo podría suprimirlos. Sin duda, podrían saber hasta el más pequeño detalle de todo lo que uno hubiera hecho, dicho o pensado; pero el fondo del corazón, cuyo contenido era un misterio incluso para su dueño, se mantendría siempre inexpugnable.

Video: Roberto Benigni recita La Divina Comedia

Escrito por Juan Ignacio Contreras Agosto - 23 - 2009


(Ver en Youtube)
Roberto Benigni (wiki) recitando un fragmento del Paraíso en La Divina Comedia. Subtitulado por Juan Ignacio Contreras (¿cómo activar los subtítulos en YouTube?) Después del salto una carta que Benigni escribió para el escritor de esa obra que tanto lo conmueve, Dante Alighieri (wiki).

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Nada Grave

Escrito por Germán Gallo Diciembre - 11 - 2008

Ángel González

Ángel González


Las palabras de una poesía profunda, directa, chocante, e inmensurablemente febril dentro del alma, pueden encontrarse en su equilibrio perfecto tras la mirada -hoy ausente- del poeta español Ángel González. Ya que con total valentía de su parte tocó todos los temas que muerde la realidad del hombre: el amor, la muerte, la soledad, la desesperación, la pasión, la verdad e incluso la política. Es que la dureza que le presentó la vida a los 19 años de edad, dejándolo internado en una cama de hospital con tuberculosis, fue lo mismo que lo llevó a que a lo largo de su crecimiento comenzara a figurar con versos aquello que de otra forma no puede decirse.

“Me duele sólo el alma / nada grave” escribiría pocos meses antes de morir en el presente año, en una serie de poemas que el jamás quiso publicar, y que sin embargo hoy podemos leer. Lo asombroso no es la forma en la que el poeta supera los escalones, muros y adversidades que se le cruzan en el camino: muertes de seres amados, enfermedades e injusticias, sino que ante todo esto, él siempre encontró reposo y alivio en las palabras. Las tomó como si cada una de las letras que escribía con toda la sinceridad posible le regalaran un segundo más de vida, con la fidelidad poética de un hombre a una mujer (“…y los ojos, qué importa que no sean estos ojos, te seguirán a donde vayas, fieles”).
Estamos acostumbrados a evitar situaciones incómodas, a desviar la mirada hacia el lugar en que haya un poco más de luz-pero tampoco demasiada-sino la justa para que nuestros ojos no se sientan sobrecargados ni necesitados. El camino fácil, casi sin curvas, ni subidas, ni bajadas: el llano. Es cierto que disfrutamos por ejemplo de ver un amanecer en la orilla del mar, pero en la mayoría de casos nos sentimos ajenos a esto como si fuésemos meros espectadores de un show cósmico y no protagonistas de un momento exclusivo y único, de un segundo que puede perdurar eternamente como lo hacen las palabras en las manos de González.
La mayor dificultad es levantarse, dar el primer paso y tomar el impulso. Muchas veces, resultando casi irónico, los golpes más fuertes y dolorosos son los que otorgan este impulso. Esos que nos hacen creer que el mundo está terminado (“Esperanza, araña negra del atardecer…”) y que ya no se puede nada más. Siempre depende de nosotros, quedarnos sentados, llenos de moretones, y dormidos tras tantos golpes. Es total y absoluta culpa nuestra, la queja sin sentido es la más frecuente y baja actitud que tenemos los seres humanos. Pero en cada una de las personas hay algo que lo cautiva, siempre y cuando esté dispuesto a verlo (muchos prefieren conformarse con la ceguera), hay ciertas cosas frente a las cuales no pueden quedar pasivos. Ángel González lo encontró en las palabras y mediante su poesía dejó un legado del cual podemos tomar mucho para no quedarnos pasivos nosotros.

Entrevista con Jorge Fandermole

Escrito por Revista Leviatán Diciembre - 11 - 2008
Jorge Fandermole

Jorge Fandermole

Ya no se puede fumar, sin embargo, una bruma extraña rodea el ambiente en La Vaca Profana. Las mesas se encuentran llenas, algunos toman cerveza, otros, gaseosa. Todos están llenos de ansiedad. La mayoría de gente es mayor, sin embargo, las palabras que pronto iban a escuchar, acompañadas por dos guitarras, seguían frescas y jóvenes como el día en que se habían escrito: algunas hace más de 25 años, cuando el músico, que tímido se acercaba el escenario, editó su primer disco: pájaros de fin de invierno.
Jorge Fandermole empezó su recital, con la guitarra en mano, tocando unos lentos acordes. El público lo aplaudió con fervor luego de que termine la primera canción, y de la misma forma lo siguió aplaudiendo en las canciones que siguieron.
Oración del remanso, Diamante, Corazón de luz y sombra, Sueñero, Cuando, y Canto versos, son sólo algunas de las canciones que de forma impecable fueron interpretadas a centímetros del público, con la calidez de la voz de Fander. En las pausas, bebía un sorbo de agua, y dejaba absorto al ambiente con ¿metáforas? como aquella que dice que estamos hechos de lo mismo que las estrellas. Y entre chacareras, zambas, y juegos rítmicos (La torcida), fue transcurriendo un recital sobresaliente.
Cuando Fandermole se estaba retirando, el equipo de Leviatán le solicitó una entrevista a la que accedió inmediatamente; y vía mail pudimos concretarla.
De esta forma, respondió abiertamente a todas nuestras preguntas.

¿Cómo llegó a tu vida la música? ¿Cómo iniciaste tu carrera y supiste que era lo tuyo?
Mis primeras experiencias musicales son de la infancia y están relacionadas con estudios de guitarra y repertorio folclórico en mi pueblo de origen. La dedicación profesional llegó, podría decirse, tardíamente, como a los 27 años y se relacionó con condiciones particulares de mercado del disco y de propuestas artísticas a principio de los ‘80 que prevalecieron frente a otras posibilidades profesionales en cuestiones no artísticas, a las que yo me venía dedicando entonces. Con el tiempo el trabajo se reafirmó y no sé si es ésto (la canción) únicamente lo mío, pero sí a lo que más tiempo y energía le dedico.

¿Qué te lleva a crear las canciones? ¿Seguís algún proceso en particular, o cada una nace de una forma diferente?
Trato de trabajar acorde a mis convicciones y a mis saberes. Creo que la canción es una forma expresiva con una extraña química entre dos lenguajes y a cuya creación se puede acceder por múltiples ingresos: la palabra, la idea, la frase, una copla, un patrón rítmico, un motivo melódico, una secuencia armónica, etc. He tenido diversas experiencias y trato de trabajar no imponiendo un procedimiento en particular; creo que lo único permanente y obligatorio es la continuidad y la persistencia en el trabajo y hacer todas las correcciones y descartes que hagan falta.

3)¿Qué influencias musicales y poéticas tenés?
ES una pregunta reiterada a la que creo que nunca respondo con presición porque no puedo. Soy un escucha y un lector discontinuo y desordenado, y siempre fue así. Lo que puedo asegurar es que he tomado sin prejuicio cualquier elemento estético de músicas nacionales o extranjeras que me hayan motivado, sensibilizado o conmovido y he tratado de hacerlos funcionar en mis canciones. De todos modos reconozco especiales influencias de los principales autores y compositores argentinos de los 60 y los 70, de la mejor poesía del tango y de toda literatura clásica y contemporánea de la que pueda extraer nociones que me sirvan como disparadores posteriores.

¿Por qué vale la pena hacer música? ¿Por qué vale la pena dedicar la vida a lo que muchos tomarían como un par de notas y un par de palabras?
Por el mismo motivo que vale la pena dedicarse a cualquier actividad artística, o, siendo más amplio, a cualquier actividad que uno crea le permita crecer y desarrollarse como persona con cualquier status. El arte es un tipo de visión del mundo y un modo de acción que busca para unos modificarlo, para otros transfigurarlo. Personalmente estoy íntimante cada vez más lejos de las convicciones productivistas, aunque deba moverme según sus preceptos, y más cerca de las necesidades espirituales o más precisamente del convencimiento del deber humano de equilibara nuestra faz espiritual con la desastrosa prevalencia de nuestras necesidades laborales, consumistas y estrictamente mundanas, fuertemente afirmadas en conceptos de poder y relaciones desintegradas. La música y la poesía son puertas del espíritu, herramientas críticas y de conocimiento y vale la pena darles un tramo de crédito que al menos equipare el que le damos a tanta otra basura que sostiene nuestra vida de modo costoso e insalubre.

Muchos de los músicos populares hoy en día, no le dan tanta importancia a la letras de sus canciones. Sin embargo vos sos partidario de darle un sentido particular a las mismas. ¿Por qué?
La palabra tiene la posibilidad de significar y de trasmitir, además de sonar (ahí su estricta condición musical) en diversos niveles desde los utilitarios a los poéticos; pero además son las formas con las que armamos nuestras ideas, nuestros imaginarios. Es obvio que el valor de éstos estará relacionado con esa materia de que están hechos y el hecho estético musical- poético de cómo suenen y a qué arquitectura aporten. ¿No es suficiente motivo para prestarles mucha atención?.

¿El Fandermole que empezó a escribir música allá por la década de los ‘80, es el mismo que hoy, o alguna circunstancia cambió tu actitud ante la hoja o pentagrama en blanco?
El cambio más evidente es la actitud autocrítica y la clara sensación de falta de conocimientos que muchos compositores sin formación académica fuerte padecemos.

¿Alguna vez compusiste y publicaste una canción, de la qué luego te arrepentiste por alguna razón, como por ejemplo, haber cambiado tu opinión respecto al tema?
Algo parecido; alguna vez me metí en temas escabrosos o que me interesaron momentáneamente y después me dí cuenta que no tenían demasiado sentido para mí.

Siempre preferiste mantenerte un poco al margen de grandes exposiciones de tu música. Usualmente tocás en teatros pequeños y bares, cuando bien es sabido que tenés la capacidad de hacerlo en cualquier otro lugar. ¿A qué se debe esto?
En parte a la modalidad de producción a la que estamos acostumbrados y que no elegimos arbitrariamente sino como alternativa posible: gran parte de los conciertos son producciones propias, independientes. En ese orden, los teatros y salas más grandes exigen mayor esfuerzo de convocatoria y mayores costos en general; a veces los pubs y concerts son igualmente rendidores y tienen muchas menos exigencias de producción.

La canción “Diamante” es una de las que más nos impresiona. ¿En quién o en qué pensaste al componerla? ¿Por qué?
La referencia específica es de orden personal y no tiene mayor importancia. Diamante es una parábola sobre los dones, las virtudes, lo bueno que uno recibe sin querer y el renunciamiento frente a aquellas cosas que, de poseerlas, perderían su belleza y su misterio.

Decís: “… Cristo de las redes, no nos abandones…” ¿Es por algo particular lo que dice la canción, o refleja tu postura frente a la religión?
La canción, al menos en parte, es una plegaria y como tal invoca y solicita. La voz del suplicante no es la propia, es la voz de alguien que pertenece al lugar, que trabaja en la pesca y que pide por sus necesidades. No soy religioso, no al menos en el sentido que rige la oración en ese tema, pero entiendo y comparto la necesidad humana de Dios aunque esté lejos de las prácticas y de dogmas específicos.

¿Es posible saber alguna vez la respuesta a Las preguntas? ¿Es posible saber qué busca el ojo que mira lejos o qué escuchan los ancianos en los nidos del silencio?
No sé si es posible obtener las respuestas, pero al menos esa canción es una reflexión sobre las innumerables cuestiones que lo rodean a uno y que a veces ni se perciben.

En tu última presentación en Buenos Aires, dijiste que el hombre está hecho del mismo material que el hierro y que las estrellas.  ¿Qué quiere decir? ¿Qué implicancia tiene eso en tu vida, cada día?
Esas expresiones no son simbólicas, son hechos objetivos del mundo físico y parecen tan ajenas debido a la falta de reconocimiento que tenemos hacia el entorno, hacia el resto de las cosas. Cuando las civilizaciones antiguas deificaban al sol probablemente lo hacían desde una intuición respecto del poder, de la luz, del calor intenso, del rigor del vínculo entre el astro y los ciclos diarios y anuales y su relación con las cosechas y su propio bienestar y subsistencia. Probablemente no sabían que la totalidad de la energía disponible sobre la tierra y que hace posible toda forma de vida proviene exclusivamente del sol; es más, actualmente no sé cuanta gente lo sabe y lo tiene en cuanta. A mí me maravilla ahora esa línea de saber- intuición que nos vincula a contemporáneos y antiguos del mismo modo que me maravilla la identidad física que compartimos con lo más remoto, dado que, en efecto los mismos elementos de la tabla periódica están presntes en nuestro cuerpo y nuestro mundo y en el resto de los astros. No es una metáfora, es química.

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“No hay un instante que no esté cargado como un arma” Escribía Borges. Con la revista Leviatán, pretendemos decir que no hay ni una sóla palabra, ni una sóla circunstancia, y ni un sólo instante en la vida; que si se lo busca con profundidad, esté cargado con Verdad. O con preguntas. Al fin y al cabo, cada pregunta verdadera, implica una Verdad; y no existe Verdad alguna que no nos genere preguntas. La revista está a la espera notas y críticas de cualquiera que desee participar para seguir alimentando al monstruo.

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