Benjamín está con una camisa celeste. Responde a las preguntas de una periodista y mientras ella termina yo pienso en las cosas que quiero preguntarle. Me acuerdo que unos días atrás lo escuché lleno de sorpresa recitando sus poemas en la Feria del Libro, me acuerdo cómo hizo navegar a todo el público por su “Marea Humana”, y la forma en que palabra tras palabras parecía desenterrar algo de cada persona. Es que cómo el mismo me va a decir dentro de un rato, un poeta es un desenterrador de tesoros, y a pesar de que su obra es muy amplia y cuenta con la publicación de varias novelas, Benjamín Prado es ante todo un poeta. Escribiendo canciones solo o escribiéndolas con Joaquín Sabina, publicando periódicamente en el diario “El País”, haciendo prosa; y dentro de un rato me mostraría que también hablando. Me llaman porque ahora es mi turno y trato de olvidarme de que es uno de mis escritores favoritos porque no quiero tartamudear, tengo ganas de escucharlo. A eso vine, no a preguntarle cosas, a escucharlo.

Germán Gallo: Lo primero que publicaste fue el poemario Un caso sencillo cuando tenías casi 25 años.
¿Cómo fue el momento en que reconociste que la poesía que escribías merecía ser publicada?
Benjamín Prado: Me equivoqué. Porque luego de publicarlo me di cuenta de que no lo merecía tanto. Entonces lo que hice con ese libro durante años -además de ir escondiéndolo en las librerías- es que cuando alguien iba a una feria del libro y me lo traía para que se lo firmara le decía: “damelo y te lo cambio por dos nuevos”. (risas).
Luego cuando publiqué una poesía completa, que se llama Ecuador (acaba de salir la reedición) lo reescribí todo, pero lo reescribí hasta el punto de que la mayoría de los poemas sólo tienen el título.
Uno tiene la sensación de que lo que escribe le interesa leerlo a alguien. Yo tuve mucha suerte, a los diecisiete años conocí a Alberti, me hice amigo de él.
De hecho hubo una vez que salieron al mismo tiempo un libro de Alberti, uno de Joaquín Sabina y uno mío, e íbamos los tres girando por ahí, así en una especie de lecturas muy divertidas.
Lo escribí y tuve la suerte de que alguien lo quisiera publicar. Y no lo sé, ya está ahora. (risas).
GG: A fines del año pasado diste una clase magistral en Madrid referida principalmente a la poesía, y en un momento dijiste que la idea de un poema es que encuentre el misterio exacto de las cosas. ¿es posible que un poema encuentre eso o no vale la pena la búsqueda?
BP: Lo que no vale la pena es no intentarlo. Yo creo que escribir es desenterrar un tesoro de algún sitio. Uno tiene que salir siempre con una pala en la mano. Para ocupar lugar hay muchos libros ¿Por qué no intentar escribir cosas que sean nuevas, que digan algo profundo? Por lo menos intentarlo.
Un escritor es muchas cosas, tiene que ser un inventor, tiene que ser un desenterrador, tiene que tener una cierta originalidad en lo que hace.
No me interesa realmente escribir por escribir. Podría hacerlo. Si me pongo a escribir poemas puedo escribir diez a lo mejor, en una mañana; pero prefiero escribir uno cada diez meses y que sea exactamente lo que yo quiero hacer.
GG: ¿Cómo reconoce uno cuando eso que hizo, es exactamente lo que quería hacer?
BP: Leyendo. Encontrar una metáfora buena es como meter un gol en el ángulo. Messi mete goles así, pero no los metería si de lunes a viernes no fuera al gimnasio y a entrenar. Yo creo que el ejercicio físico, la preparación del escritor, es la lectura; el gimnasio son los libros de los demás, allí es a donde vas a ponerte fuerte; y luego el campo de juego son tus escritos.
Pues, de esa manera. Entrenando, leyendo. Trabajando mucho.
Si no, uno se puede convertir en descubridor de mediterráneos como decimos en España. Y de pronto pensar que ha creado una maravilla y resulta que ya lo había hecho otro treinta años antes y tú no lo sabes porque no lo has leído.

GG: En la misma clase decís Contra todas las manipulaciones, invasiones, de la realidad en la vida de las personas, contra todas esas corrientes que no nos dejan nadar, que nos arrastran a todos por el camino de las mayorías políticas, de las mayorías económicas. La única manera de oponerse a ello es a través de la inteligencia y no creo que haya un camino hacia la inteligencia mejor que el camino que te ofrece la literatura, un camino mejor que te ofrece la poesía.
¿Qué es lo que hace que la literatura, y particularmente la poesía sea el mejor camino hacia la inteligencia?
BP: Una de las cosas que he aprendido de Rafael (Alberti) es a tener fe en la importancia de la cultura, y de la poesía también. Pero dentro de la realidad, dentro de la sociedad.
Los libros no sirven sólo para entretener, o sea, está de puta madre que entretengan, si no me entretiene lo tiro por muy importante que sea lo que dice. Pero están para otras cosas también, por ejemplo para mejorar las cosas a su alrededor. Por lo menos para evitar que las cosas se escondan. La poeta Ingeborg Bachmann tiene un verso que me gusta mucho y dice que se escribe para no negar el dolor. Eso me parece fantástico. Lo tengo en cuenta siempre cuando escribo.
Claro que creo en la importancia civil, e incluso política si quieres de la literatura. Pero no se trata de escribir encima de una bandera ni de ponerle un carnet a los poemas, se trata de estar con los ojos abiertos y ver un poco lo que ocurre alrededor.
No es muy fácil escribir sobre la primavera, sobre alguien que te gusta, sobre, en fin, cosas agradables. Pero también hay que escribir sobre las otras. ¿Cómo no escribir en España un poema sobre la inmigración? Yo lo he hecho. ¿Cómo no escribirlo? Si hay tantas personas que están siendo explotadas, y hay una actitud tan fea, de gente que actúa ya con unos rasgos de xenofobia intolerables. Pues yo creo que sobre eso hay que escribir.
Escribir te proporciona un placer, pone un lujo al alcance de tu mano que es el lujo ser escuchado. Yo voy por ahí, por los sitios y soy el que se sienta “al otro lado del micrófono” y entonces me escuchan. Hay poca gente que te escucha en la vida. Tu eres muy joven, pero ya lo verás con el tiempo. Gente que te escuche, que oiga lo que dices, vas a encontrar poca. Gente que mientras hablas esté pensando en “a ver si te callas ya” porque están pensando en lo que ellos van a decir a continuación, vas a encontrar más. Entonces ¿Cómo desaprovechar el privilegio de ser escuchado?
GG: Y en consonancia con este tipo de temas sociales, ¿cómo hace uno para distinguir si lo que está haciendo es literatura o discurso político?
BP: Yo creo que hay que ser honrado. Decir las cosas que realmente uno piensa. pero también pensar las cosas que uno dice. Creo que uno tiene que argumentar. Que uno tiene que buscar razones, no emociones.
Yo de las emociones no me fío nada. A la hora de escribir no hay nada peor que las emociones, no hay nada peor que esos conceptos absurdos de la inspiración, del arrebato, la idea de que el poeta es más sentimental que las otras personas, eso no es así. Creo que a la hora de escribir hay que seguir un modelo parecido al que se sigue a la hora de enfadarse. Tu te enfadas con alguien, y si cuando estás muy enfadado te pones a discutir, realmente vas a decir cosas que no sientes, vas a gritar más de la cuenta, vas a pasarte de la raya seguramente. Es mejor dejar que se enfríe, largarte y volver al rato, si es una persona que te interesa. Volver al rato y entonces hablar con más calma. Creo que para escribir está bien pensar lo mismo. Cuando estás muy caliente, cuando estás muy agitado, cuando estás en una situación de emotividad muy grande, es mejor no escribir, es mejor dejarlo, irse a tomar una copa y volver al rato.
El poeta William Wordsworth , romántico ingles, decía que escribir es rehacer una emoción en calma. Y emoción está bien. Pero está muy bien rehacer, y está muy bien calma. Hay que tener en cuenta las tres patas de esa banqueta.

GG: Anteriormente hablabas de lo afortunado que fuiste al conocer a Alberti ¿Qué otras amistades con escritores tuviste?
BP: Escritores amigos, miles. Yo he tenido suerte con eso. Porque fui muy amigo de Rafael (Alberti), fui amigo de Jaime Gil de Biedma, fui bastante amigo de Octavio Paz, fui muy amigo de Ángel González. Estrechísimo amigo. He tenido suerte porque conocí mucha gente.
Además, durante unos años me dediqué al periodismo aunque a mi sólo me importaba la poesía. Veía al periodismo como una autopista a la poesía, porque me permitía trabajar en un periódico y enviarme a mi mismo a Londres y entrevistar a Stephen Spender, y estar ahí en la casa donde estuvieron escritores de la talla de Auden, o Eliot.
El periodismo me ha permitido muchas cosas también desde el punto de otra poesía que me interesa mucho que es la poesía de la música, la poesía del rock. Pues gracias al él yo he podido entrevistar a Keith Richards un par de veces, a Paul McCartney, a Patti Smith, a Leonard Cohen.
Rafael siempre decía no hagas nada que te aleje de tu poesía, no escribas tonterías, no escribas cosas que te saquen, que te pongan el tren en otro carril, que te lleven para otra parte. Y eso nunca lo he olvidado y siempre que hago cosas las hago pensando que de alguna manera me pueden ayudar para un poema o para una novela o que están en el mismo camino. Eso de no cambiar el tren de carril me parece interesante.
GG: ¿Cómo hacés para comenzar un nuevo poema? ¿De dónde partís?
BP: Yo tengo que tener una idea. Tengo que saber –en un poema, en un relato, o en una novela- exactamente sobre qué quiero escribir. Tengo que saber por qué. Y tengo que saber qué le quiero hacer al que lea. Rehacer, acuérdate. Rehacer en el lector. Es como transplantarlo. Escribir es un acto de botánica casi. Es coger esa emoción de la que habla Wordsworth y plantarla en la cabeza o en el corazón del que lee. Que sienta eso.
Por eso no hay que escribir sobre personajes y cosas concretas. Por eso yo escribí Marea Humana, que habla sobre arquetipos.
Escribir un poema sobre si estoy triste o alegre creo que no tiene mayor interés. Lo que tiene interés es escribir un poema sobre la tristeza o sobre la alegría y conseguir que el que lee piense “Es verdad”. Ese es el mejor piropo. “Así es exactamente como me siento yo en tal caso” Ese es el trabajo de escribir.
La gente sabe que yo escribo para mi, antes preguntabas por qué había publicado. Pues si no hay unas tapas y una imprenta para publicar me parece de puta madre escribir para uno mismo, pero por la misma razón que a mi me gusta un fin de semana ir a jugar con los amigos al futbol un partidito. No voy a jugar en el Real Madrid, ya lo hice de hecho (le pregunto si es en serio y me dice que sí, hasta los juveniles). No voy a ganar la liga, y además ya se me ha pasado el arroz para eso, pero me divierto.
También así se puede escribir, no todo el mundo va a escribir desde el punto de vista “profesional”, pero a mi me parece importante darle una dignidad de trabajo, de empleo. Yo soy el empleado de mis libros de alguna manera.
Ahora, si vas a publicar, tomatelo en serio, no llenes las estanterías de libros absurdos que no merecen la pena, y si tienes la más mínima sospecha de que van a ser absurdos (silencio) sigue leyendo.
GG: Conversación en la isla es una de mis poemas favoritos. En uno de sus versos dice que “La poesía empieza cuando ya has olvidado qué es lo que te asustaba pero aún tienes miedo” ¿Estás de acuerdo con lo que dice este personaje con el que hablás en primera persona?
BP:
Claro, es como te mencionaba anteriormente.
No son cosas concretas, no es algo concreto. No es que uno tenga que escribir un poema sobre un torturador, sino sobre la tortura. No sobre un tipo que está solo, sino sobre la soledad en general.
Creo que esa es la tierra donde crecen los poemas. En la otra no, en las otras crecen las conversaciones, los debates, las opiniones tajantes. La poesía siempre tiene que salir de la reflexión. No puede salir de la emoción sino de la reflexión. Pero una reflexión que tenga sentimiento, por eso dice cuando aún tienes miedo. Que podría ser cuando aún estás alegre, o de cualquier forma, pero cuando tienes el aroma.
Yo creo que es muy importante en los libros, y para escribir libros, saber cuál es el aroma de las cosas. Más que las cosas concretas.
Ayer estuve dando una vuelta aquí en barco por el Tigre y pensé Sería lindo escribir un relato sobre esto. Pero no tanto sobre “esa casa” o “este río Sarmiento” en concreto. Sino sobre la sensación, de lo que puede ser estar aquí. No sé, algo así.
De ahí han salido muchos escritores..
GG: Entonces vos estás todo el tiempo “a la caza” de los poemas o lo que vayas a escribir.
BP: Así es, y es una putada (risas). Está uno todo el tiempo a ver qué pesca. Por eso me gusta mucho el fútbol . Estoy ahí 90 minutos en los que no digo nada ni siquiera medianamente inteligente, pura diversión.
En el fútbol desde el minuto uno, en los bares desde la tercera copa. (risas)
GG: ¿Cómo podrías definir con un verso lo que sea que te resulte más importante en el mundo?
BP:
Puf. Esa es una pregunta muy difícil, porque hay muchos versos que se podrían decir. Yo siempre digo que la frase más hermosa que se ha inventado en la humanidad la dijo Voltaire: Me repugnan sus ideas, pero daré mi vida por defender su derecho a expresarlas. Creo que esa idea está bien tenerla siempre a la hora de escribir.
Una de las mayores cosas que se puede conseguir en un poema o en una novela es poner un radar dentro que capte todo lo que pasa, todo lo que se acerca, todo lo que hay. Que la ficción consiga expresar todos los extremos de la realidad. No sólo el que a ti te interesa. Por eso pasa a veces que hay una literatura corta, mucho menos ambigua que la propia realidad…
Pero no sé, un sólo verso sería muy difícil.
Las fotos del post pertenecen a Paloma Berreto, la filmación del poema El optimista recitado en la feria del libro a Rocío













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