
En estos últimos tiempos en los cuales han emergido con más fuerza diversas problemáticas sociales (drogadicción, alcoholismo, delincuencia), el pueblo en su conjunto viene planteando las posibles soluciones que en mi opinión, son paradigmáticas. Desde toque de queda, pasando por la pena de muerte (un fantasma que cíclicamente acecha la mente de nuestra sociedad) hasta la más demandada: la educación.
La primera de las opciones es el toque de queda (que ya se ha comenzado a aplicar en Córdoba) que “sirve” para limitar la presencia nocturna de menores de 16 años en las calles y en los boliches sin sus padres, desde las 21 o desde las 24, según los días de la semana. Esta medida podría ser útil a corto plazo ya que los jóvenes estarían más “controlados”, pero ¿controlados por quién? Por el Estado, por una reglamentación, por una norma, que regule las actividades de los jóvenes. De aquí surge otra pregunta ¿es el Estado el que realmente debe controlar, contener, cuidar a los jóvenes? La respuesta es, según mi experiencia, no esta tarea corresponde primeramente a la familia, el problema actual no es una anomia sino la falta del vínculo familiar. Esto se traduce en padres sin una educación acabada, sin trabajo, con problemas maritales agudos o de adicciones. Lo que lleva a una falta de valoración por la vida del hijo, por su cuidado, por su salud (psíquica y física), por sus necesidades humanas “tanto biológicas como morales”. Dichos factores llevan a una falta de valoración del joven por sí mismo ya que uno no puede amar ni amarse si no es amado antes.
¿Por qué corresponde a la familia primero? Porque ésta es más antigua que el Estado mismo, es la forma más natural de socialización del individuo. La familia es el primer lugar donde la persona establece vínculos sociales. Es de absoluta necesidad que tenga unos derechos y unos deberes propios totalmente independientes de la potestad civil. Pues si los ciudadanos y si las familias encontraran en los poderes públicos estorbos en vez de ayuda, y una paulatina destrucción de sus derechos en vez de salvaguarda de los mismos; la sociedad sería, más que deseable, digna de repulsión. Leer el resto de la entrada »










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