“Chi se ne va che male fa…” (Qué mal hace el que se va)

Escrito por Eugenia Ferreras Julio - 6 - 2009

Una semana solos

Celina Murga es una cineasta entrerriana que a sus 35 años ya carga con dos largometrajes muy bien recibidos por el público y la crítica, y está trabajando en el tercero, apadrinada por nada menos que Martin Scorsese.
Su segunda película (estrenada en el BAFICI y ahora en cartel), Una semana solos, es la crónica de un grupo de chicos que se quedan solos en el country donde viven, después de que sus padres se van de viaje varios días.
Siete razones para ir a verla.

  1. La inocencia
    El nombre de la directora suena a ángel, y el apellido a color. Lo más cercano entre esas dos puntas, es un niño. Ya en su anterior película, Ana y los otros, se ve como a través de los más chicos Murga parece poder enviar con más sencillez sus mensajes. En Una semana solos, eso está clarísimo.
  2. La narración
    Se nota cierto neorrealismo… No por los ambientes sino por cómo está tratada la historia. No se trata de narrar un cuento sino de sacar fotos. Más allá de cómo actúen los chicos o de cuan real parezca o no la puesta en escena, la realidad que se muestra está expuesta del modo más natural en que se puede. Sin evitar lo feo, ni tampoco resaltar lo bello más de lo que es por sí mismo.
  3. La sencillez
    No hay muchas vueltas que buscarle al mensaje. Hay una tentación constante a juzgar la inocencia-o-no de los chicos o sus maneras-o-no de hacerse responsables. Pero lo que se ve es lo opuesto, aún los personajes que dejan entrever un poco más de adultez, terminan demostrando que no se puede ser lo que todavía no se tiene que ser.
  4. Sofi
    El personaje es una razón en sí. A la manera en que se lo dice sobre las grandes actrices, la nena se come la película. Y si pasan un par de escenas sin ella, de algún modo, se la extraña. Porque cada vez que aparece es como una pausa donde se retoma toda la ternura que en el resto a veces parece caerse.
  5. El comentario de Scorsese
    Si. Y no porque lo dijo Scorsese, porque se lo puede considerar autoridad o no. Tampoco por el hecho de que se haya tomado el trabajo de opinar, porque se podría decir que lo hicieron hacerlo. La cosa es: dijo lo que dijo pudiendo haber dicho cualquier otra cosa. “Es un trabajo de alguien que tiene una manera de ver el mundo muy sensible y muy original. Una película de la que yo puedo aprender”. Y leerlo no suena a un yo-cineasta, o yo-crítico, ni siquiera a un yo-persona grande experta. Suena más a afirmación real. A algo que cualquiera podría decir.
  6. Hay que ver cine argentino
    Si. No es una orden, es una propuesta. Hay dando vueltas trabajos increíbles en lo que es el Nuevo Cine Argentino. Están ahí, aunque no se vean. Y son producto de toda una lucha previa en la historia del cine nacional de la que estos y estas jóvenes se están haciendo cargo muy bien, pero que nunca pueden terminar de cumplir. Porque están respaldados desde la idea hasta el montaje, pero se achica todo a la hora de exhibir. Por eso, entonces, hay que IR. Porque lamentablemente el buen cine, como el que hace Murga o como muchos que están estancados desde hace años porque no consiguen sala, no puede salir a buscarnos, porque nadie lo ayuda a hacerse saber ni les da medios suficientes para ser visto. Y sin embargo vale muchísimo la pena.
  7. Trailer
    Finalmente: ver el trailer. Porque habla por si mismo. Está cuidadísimo. Concentra toda la magia de 109 minutos, en uno y medio. Y la magia concentrada en lo pequeño, es la mejor. Como en lo simple de esta historia.

Batman, el caballero oscuro

Escrito por Miguel Costábile Diciembre - 11 - 2008

Batman, el caballero oscuro

Batman, el caballero oscuro


A fines de Octubre, se presentó una nueva versión del clásico Batman, realizada por Christopher Nolan. Esta vez, vemos en Batman (Christian Bale) un hombre golpeado física y mentalmente por la vida. Cada vez son más los retos para este héroe de la noche: el amor, los recuerdos, la soledad, los amigos, los enemigos, su imagen, y por sobre todas las cosas, la lucha contra sí mismo para redescubrirse como héroe, y no terminar convirtiéndose en un villano.
Se ve claramente el deseo de justicia, de marcar la diferencia y ayudar a los demás, se enfrenta a villanos como el Guasón (un gracioso psicópata enfermo por naturaleza, interpretado por un excelente Heath Ledger), Dos Caras (realizado por Aaron Eckhart, un personaje que, por un lado, es un buen servidor público y por otro, un ser dolido y resentido). A su vez, la pelea con su asesor en la empresa (personaje interpretado por Morgan Freeman) y el dolor por la muerte de Rachel Dawes (Maggie Gyllenhaal) el gran amor de su vida. Todos estos son demasiados sucesos para un hombre, que por más que se oculte detrás de un traje de héroe, siempre seguirá siendo un hombre.

Bruce Wayne es un excéntrico millonario que pasa su vida en autos lujosos y rodeado de mujeres hermosas, mientras que, desde su increíble mansión, mira cómo se cae a pedazos el mundo que lo rodea. Parece estar en una burbuja fuera de todos estos acontecimientos. Sin embargo, es un hombre que decide hacer la diferencia. Habiendo sufrido la muerte de sus padres, cuando sólo tenía ocho años, toma las riendas de su vida para proteger la ciudad que sus padres amaban: Ciudad Gótica. La gran pregunta es: ¿Es necesaria una máscara para tener la iniciativa de hacer la diferencia? Él busca, detrás de su máscara, justicia para un mundo que se sumerge en la destrucción, convirtiéndose en ícono y referente de la ciudad. Todos tenemos algo de Batman. Todos queremos hacer la diferencia en este mundo. Él nos demuestra que esto es posible, pese a los miedos y desafíos que uno debe superar: el día a día, los problemas laborales, familiares y amorosos, la mirada crítica de los demás y la lucha contra nuestras propias miserias humanas, como el orgullo, el ego, la codicia, y el ansia de pertenecer. Todos tenemos que convencernos de que es posible. Un hombre puede cambiar las cosas, patear el tablero y jugarse por lo que cree correcto, pero en nuestro caso, no es necesaria una máscara, ya que la vida se la pelea a cara descubierta.

Olvido Selectivo

Escrito por Germán Gallo Diciembre - 11 - 2007
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

“¡Que feliz es la suerte de la vestal sin tacha! Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada. Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Cada rezo aceptado, cada deseo vencido.”

De la mano de uno de los versos de  “Cartas de Abelardo a Eloisa” de Alexander Pope, el director Michael Gondry nos lleva navegando por el impecable guión de Charlie Kauffman (Quieres ser John Malkovich?, El ladrón de Orquídeas) hacia una película que es una aventura en sí misma.
¿Quién no se sintió despechado alguna vez cuando el amor fracasó? ¿Quién no daba todo por olvidar ese nombre que cada vez que se pensaba terminaba deprimiéndolo?
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos plantea la solución a este problema. Con tan sólo llegar a la clínica Lacuna Inc. puede borrarse de la mente de uno a cualquier persona. Al verla nuevamente no se va a tener ni siquiera noción de quién es, ni de qué se vivió con ella .

Seguramente si alguno de los que leen esta nota, está viviendo un momento de desamor eso sonaría increiblemente tentador, como en la película lo es para Clementine (Kate Winslet) que desea olvidar para siempre a su novio, Joel (Jim Carrey). Por eso acude a este lugar, lo borra de su mente, y al enterarse de eso Joel, furioso y decepcionado decide someterse al mismo procedimiento. La mayor parte de la película sucede en su mente, donde él, al principio se encuentra feliz de hacer lo que está haciendo. Sin embargo, los mismos recuerdos hacen que se arrepienta, pero ya no hay vuelta atrás…
Ahora bien, el principal conflicto es el siguiente ¿realmente hay que olvidar las
cosas?
Superar algo no es condenarlo al olvido, eso es solamente esconder el dolor bajo la alfombra, no existe la cura mágica que propone esta película y sin embargo muchas veces las personas actúan como si fuese posible hacerlo.
Los recuerdos son momentos que con el tiempo se van endulzando, a veces esa dulzura termina envenenando a uno, volviéndolo ciego, dependiente de ellos. Concluye en que uno es un ser viviendo del pasado de una forma absurda que no es más que una mera excusa para no aceptar que la mayoría de veces no todo es color de rosa.
La cura para el desamor está en uno mismo, no está en el alcohol ni en soluciones metafísicas ridículas y sin sentido. Pero como en la mayoría de las cosas, lo mejor, es lo más dificil. Porque requiere que nos movamos, que nos levantemos de la silla y salgamos a caminar. Podemos hacerlo mirando para atrás, pero si se quiere ser feliz, mejor caminar mirando al cielo.

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“No hay un instante que no esté cargado como un arma” Escribía Borges. Con la revista Leviatán, pretendemos decir que no hay ni una sóla palabra, ni una sóla circunstancia, y ni un sólo instante en la vida; que si se lo busca con profundidad, esté cargado con Verdad. O con preguntas. Al fin y al cabo, cada pregunta verdadera, implica una Verdad; y no existe Verdad alguna que no nos genere preguntas. La revista está a la espera notas y críticas de cualquiera que desee participar para seguir alimentando al monstruo.

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