Song to Woody

Escrito por Patricio Perkins Abril - 22 - 2010

I’m out here a thousand miles from my home
Walking a road other men have gone down
I’m seeing a new world of people and things
Hear paupers and peasants and princes and kings.

Hey hey Woody Guthrie I wrote you a song
About a funny old world that’s coming along
Seems sick and it’s hungry, it’s tired and it’s torn
It looks like it’s dying and it’s hardly been born.

Hey Woody Guthrie but I know that you know
All the things that I’m saying and a many times more
I’m singing you the song but I can’t you sing enough
‘Cause there’s not many men that’ve done the things that you’ve done.

Here’s to Cisco and Sonny and Leadbelly too
And to all the good people that travelled with you
Here’s to the hearts and the hands of the men
That come with the dust and are gone with the wind.

I’m leaving tomorrow but I could leave today
Somewhere down the road someday
The very last thing that I’d want to do
Is to say I’ve been hitting some hard travelling too.

En su primer disco, Dylan hace 13 temas, casi todos versiones de temas tradicionales o de otros, excepto dos, uno de ellos es este. Probablemente tuviese otros temas suyos –así lo dice él mismo en el documental No direction home–, pero eligió este para incluir en su primera grabación.

Tenía 21 años. ¡La conmoción que debía vivir: solo 21 años y tenía la oportunidad de grabar para Columbia Records! La tensión que tendría al elegir las canciones. Primer disco, quién sabe, quizás no grabase nunca más para una discográfica de la talla de Columbia. No existía todavía “Blowing in the wind” o “Like a Rolling Stone”, nadie lo conocía y tal vez nadie lo fuese a conocer al día siguiente fuera de los bares de Greenwich.

Primer disco, quizás el último, quién sabe. Y de las dos canciones suyas, una, esta, es un agradecimiento de corazón a su maestro, Woody Guthrie. Estaba agradecido por alguien, agradecido de haberlo encontrado, agradecido de que existiera, agradecido por sus canciones que según él “tenían un lance infinito de humanidad en ellas”.

¡El amor a un amigo! El cariño a una compañía para este camino hacia un hogar –”Estoy aquí fuera, a mil millas de mi hogar”–. Cuentan amigos de Dylan, que en esa época un fin de semana en que ellos se habían ido de su casa y Dylan había quedado sólo, llegó a robarles discos de Woody y escapar a toda velocidad. Los discos eran difíciles de conseguir y Dylan necesitaba escucharlos. Una compañía, sin embargo, frágil, “que viene con el polvo y se va con el viento”. Se comprende la fragilidad, Dylan sabía que Woody estaba de a poco muriendo. Lo fue a visitar en esos años antes de hacer el disco. Estaba en un asilo, sólo. Le pidió a Dylan que le tocase algunos temas. ¿Cómo no sentir la fragilidad, la tristeza, la necesidad de cantar esa irremediable tristeza llena de afecto hacia su maestro, hacia su amigo? Si no se llora por los amigos que se van, di che pianger suoli, ¿con qué cosas llorás?

En la búsqueda de un hogar, en este mundo “que parece enfermo y está hambriento, que está cansado y desgarrado, que parece que está muriendo y apenas nació”, Dylan había encontrado un primer amigo de camino. Y en su primer disco, quién sabe, quizás el último, le cantó su agradecimiento: “Te canto una canción, pero sé que no canto lo suficiente, porque no muchos hombres han hecho lo que vos hiciste”.

La conmoción de encontrar alguien que vibre con las preguntas que yo vibro, que me ayude a decirlas, que me dé una melodía con la cual cantarlas, con el que puedo decir: no soy sólo yo el que siente las cosas así. Un punto desde el que poder empezar. ¡Qué difícil es empezar! Expertus potest credere, dice un antiguo himno medieval, el que hizo la experiencia, puede entender de lo que se está hablando.

Bob Dylan – Song to Woody


But the inner heart…

Escrito por Pedro Medei Noviembre - 26 - 2009
1984

1984

En “1984George Orwell cuenta la historia de un régimen totalitario que a través de una atenta mirada a los sistemas similares ya acontecidos como el nazismo o el socialismo y a los errores que llevaron a éstos a su fin, dice encontrar la manera de evitar la pérdida del poder perpetuando así para siempre el dominio del famoso “Partido” . Criticando la debilidad de los sistemas que buscaron sostener su poderío a través de mentiras camufladas con vestigios de humanismo y justicia social, el Partido se consagra bajo los lemas de “Guerra es Paz”, “Libertad es Esclavitud” e “Ignorancia es Fuerza” y domina desde la vieja pero necesaria figura del líder el cual a diferencia del Fürher o el Duce, nunca ha sido visto y se conoce como “Gran Hermano”. El mismo, inspirador del nuevo “opio de los pueblos” (base literaria del ­reality show internacionalmente conocido como “Gran Hermano” o “Big Brother”), se manifiesta a sus seguidores a través de pantallas que se ubican en las calles, lugares públicos y casas privadas, desde donde da a conocer sus órdenes y vigila no sólo que éstas sean cumplidas, sino también que se sean acatadas de buen grado y con la gratitud que la magnitud del “Big Brother” se merece. De ésta manera, el partido no sólo dispone controlar de las acciones de sus sometidos sino también del pensamiento. Para ello cuenta específicamente con lo que hoy sería una fuerza de choque (si bien en el libro esta es legal porque las leyes no existen) llamada la Policía del Pensa­miento, la cual se encarga concretamente de seguir y arrestar a los criminales del pensamiento, quienes son desaparecidos durante las noches y borrados de la historia. A su vez, el Partido cuenta con otra herramienta fundamental que es el desarrollo del “neo-lenguaje” el cual consiste en la reducción progresiva del lenguaje hasta el punto de alcanzar una lengua que no permita poder desarrollar un pensamiento verdadero, mucho menos revolucionario.

En este desesperante contexto, Wiston, el personaje principal del libro, se anima a dar el paso y lanzar el desafío de mirar a lo más hondo que el hombre tiene a fin de reconocer que la circunstancia no se constituye como algo determinante (ver cita en español):

“He thought of the telescreen with its never-sleeping ear. They could spy upon you night and day, but if you kept your head you could still outwit them. With all their cleverness they had never mastered the secret of finding out what another human being was thinking. Perhaps that was less true when you were actually in their hands. One did not know what happened inside the Ministry of Love, but it was possible to guess: tortures, drugs, delicate instruments that registered your nervous reactions, gradual wearing-down by sleeplessness and solitude and persistent questioning. Facts, at any rate, could not be kept hidden. They could be tracked down by enquiry, they could be squeezed out of you by torture. But if the object was not to stay alive but to stay human, what difference did it ultimately make? They could not alter your feelings: for that matter you could not alter them yourself, even if you wanted to. They could lay bare in the utmost detail everything that you had done or said or thought; but the inner heart, whose workings were mysterious even to yourself, remained impregnable.”

Sin embargo existe un factor que sí es determinante y que Wiston olvida en ésta apreciación, factor que sólo logra reconocer cuando ya es tarde, cuando su libertad y las hojas de Orwell se terminan. Y es el factor tal vez más dramático por ser aquel que existe fuera de las posibilidades de uno: el otro. Es sólo ­cuando Wiston pierde al otro (encarnado en la figura de Julia, persona con la que sostiene una re­lación de noviazgo en la que realmente puede ser él mismo, a través de la cual puede ser más hombre), que pierde aquel pilar en el que se sostiene “el fondo de su corazón.” Un corazón misterioso incluso para su dueño…

George Orwell

George Orwell

Y pensó en la telepantalla, que nunca dormía, que nunca se distraía ni dejaba de oír. Podían espiarle a uno día y noche, pero no perdiendo la cabeza era posible burlarlos. Con toda su habilidad, nunca habían logrado encontrar el procedimiento de saber lo que pensaba otro ser humano. Quizás esto fuera menos cierto cuando le tenían a uno en sus manos. No se sabía lo que pasaba dentro del Mi­nisterio del Amor, pero era fácil figurárselo: torturas, drogas, delicados instrumentos que registraban las reacciones nerviosas, agotamiento progresivo por la falta de sueño, por la soledad y los interrogatorios implacables y persistentes. Los hechos no podían ser ocultados, se los exprimían a uno con la tortura o les seguían la pista con los interrogatorios. Pero si la finalidad que uno se proponía no era salvar la vida sino haber sido humanos hasta el final, ¿qué importaba todo aquello? Los sentimientos no podían cambiarlos; es más, ni uno mismo podría suprimirlos. Sin duda, podrían saber hasta el más pequeño detalle de todo lo que uno hubiera hecho, dicho o pensado; pero el fondo del corazón, cuyo contenido era un misterio incluso para su dueño, se mantendría siempre inexpugnable.

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“No hay un instante que no esté cargado como un arma” Escribía Borges. Con la revista Leviatán, pretendemos decir que no hay ni una sóla palabra, ni una sóla circunstancia, y ni un sólo instante en la vida; que si se lo busca con profundidad, esté cargado con Verdad. O con preguntas. Al fin y al cabo, cada pregunta verdadera, implica una Verdad; y no existe Verdad alguna que no nos genere preguntas. La revista está a la espera notas y críticas de cualquiera que desee participar para seguir alimentando al monstruo.

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