“El hombre teme a la muerte porque ama la vida — observé —. Así lo entiendo yo, y así lo tiene ordenado la naturaleza.”
Fiodor Dostoievski- Los Demonios, Tomo I, capítulo III-sección VIII.
Con esta intuición que nos aporta Dostoievski sobre la importancia de la vida, comenzamos la entrevista a Rodrigo Guerra López que nos va a ayudar a profundizar esta intuición de Dostoievski en temáticas actuales de nuestra sociedad.

Rodrigo Guerra López
Leviatán: ¿Qué valor tiene el Hombre y su vida?
Rodrigo Guerra: existen muchos seres valiosos. Sin embargo, en el pensamiento occidental se ha acuñado una palabra para designar el valor de lo incondicionado, de lo que posee absolutez, de lo más elevado. Esa palabra es “dignidad”. En lenguaje más moderno podemos decir que el tipo de valor (dignidad) que posee cada ser humano (dignidad) nos obliga a tratarlo siempre como fin y nunca como mero medio. Esta expresión de cuño kantiano ha sido reinterpretada de manera ontológica en la bioética personalista. Toda persona es verdadero fin, y por ende, no es sacrificable por ningún motivo.
Leviatán: ¿Por qué cree que se ha desvalorizado el Hombre?
Rodrigo Guerra: la falta de valoración de la dignidad de la persona humana y de su vida se debe principalmente al predominio de la racionalidad instrumental, es decir, a ese modo de pensar que consiste en creer que la verdad se identifica con lo que funciona, con lo que es eficiente, con lo puramente pragmático. La racionalidad instrumental es propia del pensamiento marxista y de sus secuelas cuando afirman que en el cambio revolucionario se verifica la verdad. Pero también la racionalidad instrumental se encuentra en el corazón del pensamiento neoliberal que sostiene que el valor de una persona se mide sólo por sus resultados. Por ello, resulta sumamente urgente colaborar a la construcción de una racionalidad diversa, basada en la solidaridad y en la corresponsabilidad. Que esta racionalidad es posible lo muestran las solidaridades elementales, las pequeñas comunidades que construyen bien común avanzando más allá de la lógica del puro mercado, y, por supuesto, los grandes testimonios de entrega y de perdón que de cuando en cuando acontecen en nuestra historia.
A raíz de estas preguntas, continuamos inquiriendo sobre un tema muy popular en los jóvenes en particular y la sociedad en general:
Leviatán Cuando se discute el tema del aborto, ¿qué se discute realmente?
Rodrigo Guerra: siempre en este tema se discuten en el fondo dos cosas: por una parte, la dignidad y derechos de la mujer que vive un embarazo no deseado. Por otra, la dignidad y derechos de un ser humano recién concebido. Una perspectiva realmente personalista, es decir, capaz de afirmar la dignidad de ambos por igual, no puede optar por una bioética excluyente que privilegie a uno a costa de la vida del otro. La bioética por la que tenemos que luchar debe ser siempre incluyente. Precisamente por esto, el personalismo es pertinente como principio y fundamento en la construcción de una bioética rigurosa.
Leviatán: A su juicio, ¿qué circunstancias llevan a una mujer a querer abortar?
Rodrigo Guerra: existen muchas circunstancias que invitan a que una mujer considere el aborto como posibilidad en su vida. Sin embargo, creo que en el fondo una de las situaciones más recurrentes y más profundas que habitan al interior de toda historia en este tema es la soledad. Cuando una mujer se descubre con un embarazo no deseado pero acogida por un afecto, por una amistad sincera, por un amor verdadero, es difícil que pase por su mente la opción del aborto. No hablo aquí de cualquier relación de tipo emotivo sino de verdadera solidaridad, es decir, de corresponsabilidad con el destino del otro. Por ello, muchos de nosotros somos responsables de los abortos que se cometen en nuestras sociedades. Nuestra insolidaridad orilla a las mujeres a situaciones desesperadas en las que algunas veces el aborto aparece en el escenario. El deber de alguien comprometido con la dignidad de la persona es crear las condiciones para que nadie se descubra solo. En la compañía se pueden advertir, más allá de los discursos, las verdaderas evidencias por las que vale la pena afirmar la vida de todos.









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