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¿Qué fue lo que más se movió?

Escrito por Pedro Medei Agosto - 25 - 2010
Terremoto Haití-Chile
por Juan Ignacio Contreras

¿Por qué escribir sobre un hecho que ya pasó? Y encima, hace casi ya 6 meses…

Todos sabemos lo que ha ocurrido en Haití y en Chile: dos terremotos en estos respectivos países que además de dejar una cantidad enorme de muertes (en Haití, mucho más que en Chile), dejaron una ciudad o más de una, completamente destruida.

Las noticias de Haití y de Chile estuvieron en boca de todos por no más de 15 días una vez transcurrido las catástrofes. Pero todavía queda la segunda parte de este hecho: la reconstrucción de un país. ¿Por qué hoy no se escucha nada sobre Chile y Haití? ¿Alcanza sólo quedarse con el impacto del terremoto?

¿Qué puede volver a sacar a flote un país después de algo así? ¿Una asociación política? ¿Un plan económico?

En este tipo de situaciones, lo normal es esperar una especie de figura que saque a todos de esta situación y que uno se quede cómodo y tranquilo. Pero esto es irreal. La construcción de un país sólo es posible si existe un pueblo que se conmueve y se mueve por lo que sucede.

Entonces, ¿Quiénes son los verdaderos protagonistas que llevan adelante esta reconstrucción?

Tenemos la suerte de que la revista llegue a varios sitios del mundo y entre ellos llegó a Chile, por lo que pudimos conocer a dos personas que ante nuestra inquietud accedieron a contarnos su experiencia, totalmente real, en comparación con lo que los noticieros o nuestra propios pensamientos pueden imaginar.

El primer testimonio es de Ornella Gelfi, lectora de Leviatán en Chile y al pedirle que nos cuente su experiencia, aceptó inmediatamente.

“Yo vivo en un piso 15 y al moverse todo me sentí como deben sentirse las migas de pan arriba de un mantel cuando sales a sacudirlo. Pero ni mis padres ni amigos sufrieron daños para lamentar. Otros sí.”

“Entonces el ‘pueblo’, como lo preguntas, se movió como está acostumbrado a hacer: tratando de ayudar a otro. Desde los carabineros (se sabe de uno que recorrió toda una playa dando aviso de alerta y consiguió salvar a un pueblo que subió a las colinas justo minutos antes del tsunami), a los empresarios que colocaron a disposición ’supermercados de emergencia’ para que las personas pudieran ir a comprar lo más necesario, de los alcaldes (uno en la localidad de Angol perdió a su hijo en el terremoto y luego de una ceremonia sencilla, siguió trabajando para el resto de su pueblo), a los artistas (Fernando Ubiergo, un cantautor chileno salió a recorrer 450 Km. de costa para cantar en las plazas, para devolver algo de confianza a las personas que no se atrevían a salir de sus casas..).”

“He sabido de dos chicas que perdieron a sus padres y el tío que vive en Santiago, se las trajo para su casa y las sumó a su familia. Cuando me enteré, le pregunté si precisaba ayuda, conciente de que el trabajo que tiene le daba justo para sus gastos, me dijo firme: ‘no’ hay otros que están peor que nosotros’. Esta respuesta fue una de las más oídas.”

“¿Qué se aprendió en general? No sé decirte si hubo una enseñanza para todos: recuerdo que la primera gran preocupación fue conseguir que comenzaran las clases y se cumplieron esfuerzos enormes para usar lo que fuera para habilitar colegios. Un signo que permite hasta ahora que los niños puedan ir a clases, los padres intentar trabajar y la vida volver a caminar.”

“¿Qué aprendí y sigo aprendiendo yo? Que un terremoto es la posibilidad para ver que la vida es un regalo.”

El segundo testimonio, lo facilitó Eduardo Fredes, que participa en una organización que se llama Compañía de las Obras (CdO), y cuyos miembros, en conjunto hicieron un manifiesto sobre lo ocurrido, empezando con esta pregunta: Después de la catástrofe, ¿Qué es lo que queda? ¿El miedo o la esperanza?

“Impacta, aún más que las imágenes del cataclismo, encontrar en el corazón de Concepción, a 2 minutos de la “zona cero”, en la Casa Betania, cita obligada para las donaciones, a una mujer de Nueva Imperial que junto a jóvenes amigos de su comunidad, se ha trasladado para hacer miles de kilos de pan para tantos damnificados hambrientos. O bien, un exportador de kiwis en Curicó, que habiendo sufrido serios daños en las oficinas de su empresa, se desplaza hacia Quinta de Tilcoco para financiar la techumbre de un hogar de menores; o bien el cura de Curepto, que después de perder a su madre y su parroquia, de inmediato se pone a socorrer a los otros; o jóvenes profesionales voluntarios, que ayudan a evaluar los daños del sismo en las comunas más pobres; o los párrocos de Cauquenes, que celebran su misa al aire libre y no paran de recolectar víveres y de provocar a la gente a que despierte del sopor y del miedo.”

Todos estos hechos, y tantos otros, que no se ven en la televisión, documentan que no es un voluntarismo exasperado lo que vence el miedo y el desamparo, que tantas veces parece prevalecer. No es la hora de la “emergencia”, es la hora de la presencia, de afirmar lo que existe y que es lo único que te despierta del hálito de la muerte y la destrucción.”

Frente a esto queda un panorama para descubrir: ¿Por qué el ser humano responde y se mueve de esta manera? ¿Qué lo lleva a ser solidario?

Al pan, pan y al pueblo, pueblo…

Escrito por Pedro Medei Agosto - 14 - 2010

Entrevista a Marcos Zerbini

Por Ezequiel Santiago Rodriguez & Pedro Medei

En este momento en el cual por diversas razones se habla sobre el pueblo ya sea como expresión de una facción o como expresión de un grupo mayoritario, necesitamos tener bien en claro que quiere decir esta palabra tan utilizada pero tan pocas veces profundizada. Para esto decidimos preguntarle a Marcos Zerbini, fundador de la Asociación de Trabajadores Sin Tierra de São Paulo.

La asociación fue instituida con la ayuda de la Pastoral Social de la Iglesia Católica de Brasil, junto a Cleuza Ramos1 y 18 familias. En la década del 80 comenzaron a trabajar en viviendas populares con un método de compra de lotes y construcción colectiva de las casas, planteando una alternativa eficaz a la tan difundida toma de tierras.

Además de fundador de la asociación, Marcos es diputado por la ciudad de São Paulo desde el año 2000.

¿Qué es para usted un pueblo?

El concepto de pueblo que normalmente se maneja es distinto al que yo entiendo, porque la mayoría trata al pueblo como un grupo de personas. Para nosotros, en nuestra historia, entendemos que pueblo es un grupo de amigos. La Asociación empezó por eso, porque mirábamos a cada persona como amigos de verdad, como personas que tienen un deseo, un sueño y que precisan ser tratadas con respeto y con cariño, como nosotros queremos ser queridos y respetados. Un pueblo es realmente pueblo cuando es amigo, cuando se ayudan en un camino de vida. Si no es esto, si no es una compañía, no es un pueblo de verdad, no se llama un pueblo.

¿Cómo se puede regenerar un pueblo?

Solo con una preocupación verdadera de construir una amistad. En mi experiencia nosotros construimos un pueblo porque realmente lo que es el centro de la preocupación del trabajo de la asociación es la necesidad de las personas, las dificultades de las personas. Nosotros siempre colocamos como primer objetivo central responder a las necesidades de las personas, no resolviendo problemas por ellos, sino haciendo una compañía para resolverlos juntos, procurando alternativas, procurando soluciones. Hay demasiados problemas, demasiados dramas, es imposible ayudar a generar un pueblo sino fuera primero una relación de amistad y si no fuera una compañía en el camino de la vida.

La confianza de un pueblo, del pueblo Argentino, con toda la situación de crisis que se está viviendo ¿en que puede sustentarse? ¿qué puede mirar?

Creo que la política refleja un problema de la sociedad, como todo. Estamos viviendo en una época donde todos nuestros valores culturales, históricos, morales, ético y religiosos están jugando fuera, están siendo perdidos.

Se consigue regenerar un pueblo, cuando ese pueblo tiene un pasado, tiene una historia, tiene una relación de amistad, de compromiso, de camino en común. Pienso que la única forma para la gente de construir un país, así como construir un pueblo, es la preocupación por la persona, es realmente contrayendo relaciones de amistad verdaderas y viviendo de la forma más verdadera posible nuestra propia vida. Carrón (Julián)2 nos dijo una cosa muy linda y verdadera cuando yo le pregunte: <Muchas veces en el mundo político me siento solitario ¿cómo hago para cambiar eso?>, El me respondió:<… La única forma que tu realmente cambies alguna cosa, si fuera voluntad de Dios, es viviendo con verdad  la propia vida en el mundo político…> No cambiamos las cosas por las palabras, nosotros cambiamos las cosas por lo que nos mueve,  nosotros empeñamos todas nuestras energías para  hacer aquello que verificamos que es varadero, lo que vaya a acontecer de eso, no nos pertenece. Pertenece a Cristo, con nuestro sí, con nuestro empeño. Lo que intento hacer es colocar, de la forma más verdadera posible, en las relaciones con la gente, las discusiones en el mundo político, en el parlamento, las posiciones políticas y humanas que yo tomo, y mirando a Cristo intento juzgar mi vida de la forma más adecuada posible.

¿Cómo fue la situación en la cual el gobernador de São Paulo 3 te ofreció el cargo de diputado federal y vos lo rechazaste? ¿Cuáles fueron las razones?

Fui llamado por el actual gobernador de São Paulo, el me dijo dos cosas: primero, que le gustaría que yo fuese candidato a diputado federal, porque él dice que yo tengo posibilidades electorales para eso, (en Brasil no se vota por una lista sino a la personas individualmente, a él le pareció muy lindo nuestro trabajo y me dijo que el partido necesita de diputados federales). El otro pedido fue que fuera el líder del partido de gobierno en la asamblea legislativa. Yo le respondí que le agradecía mucho su ofrecimiento, pero que no aceptaba ninguno de los dos. El gobernador me pregunto por qué, ya que es muy natural que el que está en el mundo político quiera cargos que lo ayuden a hacer carrera. Yo le dije a él: mi papel en la política es representar a un pueblo, representar personas a las cuales les tengo un gran cariño, quiero dar la vida por ellas. Entiendo que la mejor forma de representarlas es continuando como diputado estatal, porque así estoy más cercano a ellos, no necesito ir a Brasilia todas las semanas, así puedo estar más tiempo con ellos. Tampoco podría aceptar cargos de liderazgo, ello me llevaría mucho tiempo y me alejaría de esas personas. Yo entiendo que lo que Cristo me pide es ayudar a educar un pueblo, no ocupar un cargo más importante.  Lo que realmente construye un pueblo es  un proceso educativo, una compañía que nos ayude a entender las cuestiones fundamentales de la vida, que nos ayude a mirar a nuestro corazón y a seguir nuestro corazón, porque yo no tengo duda que el corazón es un instrumento que Dios nos da para entender cuál es el camino de nuestra propia vida. Siempre precisamos de una compañía de amigos que nos ayuda también a entender nuestro corazón. Entiendo que mi papel, aquello que Cristo me pide es estar cada vez más con mi pueblo y no ocupar un cargo más importante. No es eso lo que me interesa, mi preocupación no es hacer carrera o tener más poder, sino responder al llamado que Cristo me hace. Lo que me hace más feliz no es el dinero, el poder, la posición socia;, lo que me hace feliz es responder a lo que Cristo me pide, es nuestra relación con Cristo lo que realmente importa.

Quienes realizamos esta entrevista no terminamos de entender cómo lo que dice Marcos Zerbini no roza la locura. Creemos que tal cosa es posible por el hecho de la correspondencia que se experimenta al mirar la diferencia radical entre la codicia de poder y el deseo de una amistad con aquellos con los que se trabaja. Tal vez estemos ante un nuevo modo de hacer política; nuevo pero tan viejo como el hombre, como aquel Aristóteles que en su Ética Nicomáquea entendía que no era posible la plenitud personal y social sino a través de una amistad entre los hombres. El asunto no es maravillarse por uno que es distinto, por ese “justo” que al fin encontramos en el mundo de la política y que, por cierto, nunca habríamos esperado. El asunto es que si una amistad corresponde más que cualquier cosa, entonces vale la pena salir a verificar si la propuesta de Marcos es posible; si es verdad que un pueblo sólo puede ser regenerado desde una positividad tal como lo es la de la una amistad… tal como lo es la de uno que quiere y otro que se sabe querido.

Referencias:

1Cleuza Ramos, esposa de Marcos, co-fundadora de la asociación de Trabajadores sin Tierra de São Paulo.

2Julián Carrón, sacerdote español,  presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación.

3Geraldo José Rodriguez Alckmin Filho, Entre 2001 y 2006 fue gobernador del estado de São Paulo, y posteriormente candidato a las elecciones presidenciales de 2006 por el PSDB (Partido Social Democrata de Brasil). En estas elecciones quedó en segundo lugar en la primera vuelta, con más del 41% de los votos. Fue el que le pidió que ocupara el puesto mencionado.

Alicia en el país de las maravillas de la libertad

Escrito por Pedro Medei Marzo - 26 - 2010

¡Cuánto ruido que en el último mes produjeron los avatars, los johnnys depps y el revolucionario efecto 3D que te hace doler hasta los huesos la caída de Alicia en el famoso hoyo! A priori una mezcla ideal: bichos raros, tipos famosos y una tecnología particular que da nuevas razones para pagar una entrada en un cine y, de paso cañazo, le quita el gustito a la piratería y el home theatre.
No todo es imagen (ni en el cine, ni en el teatro, ni en la vida), y vaya si la película dirigida por Tim Burton y basada en las historias que alguna vez escribiera Lewis Carroll lo siguen demostrando.

El cuento parece ser el típico drama de cualquier chica joven hija de la clásica aristocracia inglesa: se tiene que casar con un tipo que no quiere pero que está acomodado y que le garantiza una vida de abundancias, plena de ocio y carente de trabajo. Al tipo lo elige la familia de la chica y ella, irremediablemente, tiene que aceptar. El problema es que esta chica particularmente estaba medio loca. Desde niña soñaba con un conejo empilchado y con un reloj en la “mano” que la llevaba a través de un agujero a una tierra donde todo lo que no es posible sucedía: una oruga sabia fumaba opio y hablaba, un flaco raro hacía sombreros, un conejo destartalado resultaba ser un loco lindo y había dos reinas de colores que tenían como súbditos a una innumerable cantidad de animales extraños. Vistas las cosas así, hay que abandonar la hipótesis del romance.

Había llegado el día del casorio: el tipo era feo, tenía problemas digestivos y hacía un ruido espantoso al sorberse los mocos. La piba estaba al horno, ya estaba todo arreglado y la completa english aristocracy espera su “yes”. Cuando el flaco se le declara, Alicia lo ve de vuelta al conejo y corriendo detrás del bicho lo deja al tipo pintado. El resto de la historia es conocido. Vayamos al final: la chica se convierte en la heroína de Wonderland, después de bajar al pájaro grandote de la Reina Roja y devolverle el poder a los blancos (sin alusiones a la política yorugua). Ella es una star, una wondergirl en una wonderland (como el nowhere man en una nowhere land de John, Paul, George y Ringo), es rubia y es muy linda; tiene todo… y sin embargo cuando puede volver a elegir, decide regresar a la poca maravillosa Londres de su época, a responderle al tipo al que había dejado pintado.
A pesar de todos los reduccionismos dentro de los que se podría encajar esta historia, a mí me parece que hay un factor very wonder que no acepta reducción (y salva entonces a los libros y al film de la costumbre de achicar todo lo grande) y que es el factor que Carroll y Burton llamarían freedom, el mismo que Lugones y Borges (y también Arlt, y el panadero de la esquina) nombrarían libertad.

Esta cosa very wonder según quien escribe se juega en dos momentos, tanto en su aspecto negativo como positivo. Negativamente, cuando Alicia está sol’una (diría un florentino) ante el ‘sí’ o el ‘no’ que cambiaría para siempre su vida, se evade y corre detrás de una fantasía (ustedes imagínense, ¡la flaca está en el altar y aduce para sí misma perseguir a un roedor pudoroso y consciente de sí mismo!) “¡No respondo nada, me ne vado!”; y allí va, detrás de una fantasía que resultó ser tan real como quien escribe. Y aquí entonces aparece la freedom positivamente utilizada: era real… los dos conejos, el sombrerero, las dos reinas, la oruga drogadicta, las pociones y comidas que agrandaban y achicaban de tamaño el cuerpo… ¡wonderland era real!; y ella, con su dignidad de heroína y de princesa había pasado a la historia de ese País de las Maravillas. Todo marchaba tan bien… y aparece la pócima que Burton pinta de violeta: “si te la tomás volvés al casorio en Londres, si no, te quedás acá lady princesa”. ¿Por qué cuando todo marchaba tan bien Alicia tomaría la decisión de tomar (valga esta redundancia) la pócima del regreso a esa realidad de la que hacía un rato nomás había corrido despavorida detrás de una aparente ilusión?

A esta pregunta sólo la puede responder el maravilloso camino que Alicia recorre en el País de las Maravillas, camino que tiene su culmen en el descubrimiento de que sólo el ‘sí’ ante la realidad (la realidad maravillosa de ser la elegida para matar al pájaro grandote) puede desencadenar una historia maravillosa, una wonder history digna de una wonderland. Lo cierto era que Alicia pertenecía a Londres (al País de los Maravillosos Hombres), y su ‘sí’ ante la encrucijada del expreso a Londres o de la estadía en wonderland se jugaba positivamente en la primera opción, no para volver a someterse a la voluntad del poder, sino para jugar su vida por aquello que más quería (que esto para nosotros es un misterio pero que no puede ser algo muy distinto a la felicidad). Alicia volvió a la realidad real, allí donde las mariposas azules no hablan, allí donde hay tipos que se suenan mal los mocos, allí donde siembre habrá alguien de carne, sangre y hueso, y bilis (why not?) a quien entregarle la vida.

But the inner heart…

Escrito por Pedro Medei Noviembre - 26 - 2009
1984

1984

En “1984George Orwell cuenta la historia de un régimen totalitario que a través de una atenta mirada a los sistemas similares ya acontecidos como el nazismo o el socialismo y a los errores que llevaron a éstos a su fin, dice encontrar la manera de evitar la pérdida del poder perpetuando así para siempre el dominio del famoso “Partido” . Criticando la debilidad de los sistemas que buscaron sostener su poderío a través de mentiras camufladas con vestigios de humanismo y justicia social, el Partido se consagra bajo los lemas de “Guerra es Paz”, “Libertad es Esclavitud” e “Ignorancia es Fuerza” y domina desde la vieja pero necesaria figura del líder el cual a diferencia del Fürher o el Duce, nunca ha sido visto y se conoce como “Gran Hermano”. El mismo, inspirador del nuevo “opio de los pueblos” (base literaria del ­reality show internacionalmente conocido como “Gran Hermano” o “Big Brother”), se manifiesta a sus seguidores a través de pantallas que se ubican en las calles, lugares públicos y casas privadas, desde donde da a conocer sus órdenes y vigila no sólo que éstas sean cumplidas, sino también que se sean acatadas de buen grado y con la gratitud que la magnitud del “Big Brother” se merece. De ésta manera, el partido no sólo dispone controlar de las acciones de sus sometidos sino también del pensamiento. Para ello cuenta específicamente con lo que hoy sería una fuerza de choque (si bien en el libro esta es legal porque las leyes no existen) llamada la Policía del Pensa­miento, la cual se encarga concretamente de seguir y arrestar a los criminales del pensamiento, quienes son desaparecidos durante las noches y borrados de la historia. A su vez, el Partido cuenta con otra herramienta fundamental que es el desarrollo del “neo-lenguaje” el cual consiste en la reducción progresiva del lenguaje hasta el punto de alcanzar una lengua que no permita poder desarrollar un pensamiento verdadero, mucho menos revolucionario.

En este desesperante contexto, Wiston, el personaje principal del libro, se anima a dar el paso y lanzar el desafío de mirar a lo más hondo que el hombre tiene a fin de reconocer que la circunstancia no se constituye como algo determinante (ver cita en español):

“He thought of the telescreen with its never-sleeping ear. They could spy upon you night and day, but if you kept your head you could still outwit them. With all their cleverness they had never mastered the secret of finding out what another human being was thinking. Perhaps that was less true when you were actually in their hands. One did not know what happened inside the Ministry of Love, but it was possible to guess: tortures, drugs, delicate instruments that registered your nervous reactions, gradual wearing-down by sleeplessness and solitude and persistent questioning. Facts, at any rate, could not be kept hidden. They could be tracked down by enquiry, they could be squeezed out of you by torture. But if the object was not to stay alive but to stay human, what difference did it ultimately make? They could not alter your feelings: for that matter you could not alter them yourself, even if you wanted to. They could lay bare in the utmost detail everything that you had done or said or thought; but the inner heart, whose workings were mysterious even to yourself, remained impregnable.”

Sin embargo existe un factor que sí es determinante y que Wiston olvida en ésta apreciación, factor que sólo logra reconocer cuando ya es tarde, cuando su libertad y las hojas de Orwell se terminan. Y es el factor tal vez más dramático por ser aquel que existe fuera de las posibilidades de uno: el otro. Es sólo ­cuando Wiston pierde al otro (encarnado en la figura de Julia, persona con la que sostiene una re­lación de noviazgo en la que realmente puede ser él mismo, a través de la cual puede ser más hombre), que pierde aquel pilar en el que se sostiene “el fondo de su corazón.” Un corazón misterioso incluso para su dueño…

George Orwell

George Orwell

Y pensó en la telepantalla, que nunca dormía, que nunca se distraía ni dejaba de oír. Podían espiarle a uno día y noche, pero no perdiendo la cabeza era posible burlarlos. Con toda su habilidad, nunca habían logrado encontrar el procedimiento de saber lo que pensaba otro ser humano. Quizás esto fuera menos cierto cuando le tenían a uno en sus manos. No se sabía lo que pasaba dentro del Mi­nisterio del Amor, pero era fácil figurárselo: torturas, drogas, delicados instrumentos que registraban las reacciones nerviosas, agotamiento progresivo por la falta de sueño, por la soledad y los interrogatorios implacables y persistentes. Los hechos no podían ser ocultados, se los exprimían a uno con la tortura o les seguían la pista con los interrogatorios. Pero si la finalidad que uno se proponía no era salvar la vida sino haber sido humanos hasta el final, ¿qué importaba todo aquello? Los sentimientos no podían cambiarlos; es más, ni uno mismo podría suprimirlos. Sin duda, podrían saber hasta el más pequeño detalle de todo lo que uno hubiera hecho, dicho o pensado; pero el fondo del corazón, cuyo contenido era un misterio incluso para su dueño, se mantendría siempre inexpugnable.

La irreconciliable magia de tu simple presencia

Escrito por Pedro Medei Julio - 29 - 2009

Juan Sebastián Verón

Hay un límite en el cual el partidismo se termina para la gran mayoría. Es como una especie de “corral de prensa” donde tan sólo el eterno contrario (ese que sin saber siempre quisiste) tiene acreditación, la dolorosa acreditación de la rabiosa amargura. Sin duda, poco envidiable…

Pero no son horas para hablar de contrarios, sí, en cambio, de contradicciones. Porque, hay que decirlo, la sencillez de un tipo haciendo lo que más sabe al servicio de un amor, es en estos días una contradicción. Que un tipo resigne dinero, en pos de la tradición, es una contradicción. Que cuatrocientas mil personas se concentren un jueves por la noche en una plaza, porque una pelota rodó a su favor, es una contradicción.

Gustos aparte, la objetividad de una presencia siempre se impone. Y si de contrarios se trata, ya lo resaltaba Juan Pablo Sorín en la previa del encuentro que consagró a Estudiantes de La Plata como el más grande de América, “para volver, tengo que estar bien”.

Y vaya si Juan Sebastián Verón habrá tenido claro este concepto en ese decisivo año 2006 en el que, resignando euros y su lugar en uno de los clubes más grandes del mundo, el Inter de Milán, decidió calzarse la rojiblanca pincharrata. Así se hizo cargo de ese llamado que la realidad a gritos le hacía y continuó con una historia que ya su sangre había iniciado y que él desde pibe había conocido mirando los viejos y gastados botines de papá. ¿En qué forma se hizo carne este llamado? Bien puede responder la tribuna de Independiente: “…la popular está vibrando, nadie lo puede entender…”

De ésta manera Verón se hizo líder de una revolución conceptual en el fútbol argentino… Verón no “volvió a retirarse” y, como han hecho y hacen tantos, cobró un sueldo desmedido durante seis meses y apenas jugó tres partidos por estar fuera de peso. Verón volvió en el floruit de su realidad profesional y refrescó la memoria de una institución que ya se estaba olvidando de la gloria de los años ’70. Ese mismo año de su regreso, en el 2006, Estudiantes de colgó la chapa de ser el mejor de la Argentina ganando el campeonato en una inolvidable final ante Boca Juniors.

¿Pero sería razonable no ir hasta las últimas consecuencias de esa relación que siempre lo lanzó a la libertad? ¿No habría que imitar a ese brillante conquistador de América, que no fue ni más ni menos que papá? No un corazón de león, sino un corazón de hombre puede seguir avanzando cuando aún hay un continente por ganar… y la paciencia, y la inalterable e interminable presencia (en el más amplio de sus sentidos) dieron sus frutos. Verdaderamente, como en una charla íntima declaró el Cardenal Karlic: “Mirá cómo es cierto que Dios le dio todo al hombre para que lo domine. Un tipo, y una pelotita. Patea la pelotita, pum, en el ángulo, y se conmueven 30 mil personas.” Hoy Cardenal, yo diría con el Doctor, 500 mil…

Gracias Bruja… no por la magia, que es inhumana y de hecho inexistente… sino por educar al pueblo sencillo en la fidelidad a un amor… cosa que sí es humano y que existe en la interminable número “11” de Estudiantes de La Plata…

La respuesta está soplando en el viento

Escrito por Pedro Medei Diciembre - 11 - 2008
Bob Dylan

Bob Dylan

Cuántas calles deberá un hombre recorrer antes de que pueda ser llamado ‘hombre’ ¿cuántas bolas de cañón deberán volar antes de que sean descartadas para siempre? ¿cuánto tiempo deberá vivir cierta gente antes de que se le permita ser libre? ¿cuántas veces deberá un hombre levantar la cabeza antes de que pueda ver el cielo?

Éstas son algunas de las preguntas que Dylan hace al mundo en el año 1963 con el primer tema de su segundo disco “The freewheelin Bob Dylan”, “Blowin’ in the wind”. Ciertamente Bob no introduce ninguna novedad en un mundo que creía haber conocido lo peor del rostro humano. Las heridas de la Primera Guerra Mundial no habían cerrado, eran llagas abiertas donde el dedo de la Segunda Guerra Mundial había hurgado acrecentando la insoportable contradicción de la muerte y el terror de ésta a manos de otros hombres. “¿Cuántas bolas de cañón deberán volar…?” habrá sido la pregunta de la humanidad, sin excepciones de edad, sexo y raza, en los años de una Segunda Guerra que demostraba no haber aprendido nada de los males de la Primera. Habrá sido la pregunta de cualquier niño, de cualquier hombre simple; habrá sido la pregunta de cualquiera… Ciertamente, Dylan no dice nada nuevo.
También hoy, más de cuarenta años después, hombres que caminan las calles de la vida, a veces amplias avenidas y floreados boulevares; otras veces estrechos callejones sin salida y bacheados caminos de tierra, se preguntan a cuánta distancia, a cuánto tiempo, a cuánta realidad medible están de poder ser llamados “hombres”. ¿Cuánto más deberán hacer (si es que pasa por el hacer) para vivir su humanidad con la dignidad de tal, y así poder llamarse hombres? Y seguramente, cuando seiscientos años atrás los primeros colonizadores descubrían el nuevo cielo, habrán recordado las veces que en la contemplación de su cielo español no levantaron lo suficiente la mirada para llegar un poco más allá y ver lo celeste del “nuevo continente”. Y si de mirar el cielo se trata, no nos olvidemos de Galileo Galilei y de los hombres de su época, que ponían los ojos en un firmamento que realmente no veían… De seguro, los hombres de hace seiscientos, mil, dos mil quinientos años atrás, tenían las mismas preguntas que Bob Dylan canta en el año 1963.

Éstas preguntas, por ser comunes a todos los hombres, se pueden calificar de cotidianas. Es decir de todos los días para todos; porque afloran en el día, en el vivir el día, en el hacer, en la provocación que la diferencia entre lo real y lo ideal imprime en una humanidad que insatisfecha, se pregunta. Dylan, que también se pregunta, no resuelve el problema dando una respuesta. Mejor aún, propone un método: si las preguntas son cotidianas, ¿la respuesta no deberá encontrarse en lo cotidiano también? ¿No habrá que  buscar, que mirar en la cotidianeidad? ¿Y qué es más cotidiano que el aire que respiramos? Efectivamente “… mi amigo, la respuesta está soplando en el viento.

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“No hay un instante que no esté cargado como un arma” Escribía Borges. Con la revista Leviatán, pretendemos decir que no hay ni una sóla palabra, ni una sóla circunstancia, y ni un sólo instante en la vida; que si se lo busca con profundidad, esté cargado con Verdad. O con preguntas. Al fin y al cabo, cada pregunta verdadera, implica una Verdad; y no existe Verdad alguna que no nos genere preguntas. La revista está a la espera notas y críticas de cualquiera que desee participar para seguir alimentando al monstruo.

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