Pandora fue la primera mujer (llena de virtudes) creada por Zeus. Éste, se la entregó a Epimeteo que se quedó enamorado de ella y la tomó como esposa sin escuchar a Proeteo, su hermano, quien le previno sobre aceptar los regalos del dios del trueno. Hermes le entregó a Pandora una caja que no debía abrir nunca, pero ella, curiosa, la abrió, dejando escapar todas las desgracias humanas y cuando quiso tapar la caja, sólo quedó… la esperanza

Pandora
Este año 2009 arrancó plagado de dudas e interrogantes. El mundo afrontó la primera Gran Crisis del siglo. Y aunque los medios ya no tratan el tema como hace unos meses, los países del “primer mundo” siguen a la expectativa. Las empresas más importantes del mundo (Ford, Chrysler y General Motors, en el campo automotriz, e IBM, Sony, HP y Microsoft en tecnología) han realizado miles de despidos. En nuestro país empresas como Arcor y Renault encabezan las suspensiones, una medida que no aumentó la tasa de desocupados, para la tranquilidad del gobierno, pero sí el temor entre los trabajadores. La producción automotriz bajó, sólo en Capital Federal, un 54% y la actividad inmobiliaria un 31,4%.
Pero que los numeritos de las bolsas del mundo hayan caído estrepitosamente, se debe a la especulación que plantean quienes manejan estos asuntos; y no a que el mundo haya estado literalmente en llamas. Pero si la crisis no fue meramente financiera, entonces, ¿de qué fue? Me atrevo a afirmar que es de carácter sociocultural, y que no es repentina, ni nacida de un repollo, sino que viene creciendo desde hace años con el individualismo que muestra el mundo hoy en día.
Pese a la extrema “importancia” que le dieron los medios, es elemental tener en claro que ninguna crisis nos determina. Enfrentar una crisis no significa el fin del mundo. Creer que el primer problema grande al que nos enfrentamos, nos va a dejar sin alternativa, es un gravísimo error.
El diccionario nos acerca a la magnitud de la palabra Crisis: Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes. Situación dificultosa o complicada. Claramente, la palabra Crisis denota cambio, un problema a superar.
Las crisis, son situaciones que las personas afrontamos a diario de diferentes formas, según nuestra forma de ser, pensar o actuar. Algunos reaccionan con miedo y temor, otros en cambio, quedan a la expectativa. Hay quienes se acercan a la fe, y quienes se acercan a la razón, (siendo una o la otra) como si estos campos fuesen enemigos mortales, los cuales no se toleran el uno al otro. Pero aquellos más peligrosos son los “extremistas” del pesimismo, quienes aseguran que vamos a la autodestrucción, que la humanidad no tiene salvación, que ya sea Dios, la naturaleza o el destino, nos castiga con desastres naturales, enfermedades, hambruna y demás formas de “venganza divina”. El problema es que están tan bien fundamentadas sus objeciones que tal vez… tengan razón. Hay motivos suficientes como para creerlo y aceptar este veredicto que se nos impuso. Sólo basta abrir un diario, ver la televisión o salir a la calle para darnos cuenta que estamos en un mundo lleno guerras, desigualdad, hambre, pobreza y miseria, injusticia, egoísmo, egocentrismo, corrupción, tristeza, maldad, codicia, gula, vicios, adicciones, y demás males que afrontamos todos, absolutamente todos los seres humanos. Pero la gran pregunta ante estos males es: ¿Realmente ya no queda esperanza? ¿Ya no hay salvación alguna? ¿No hay nada que hacer? ¿Nada por lo que luchar?
Yo creo que todavía hay cosas por las que seguir adelante. Somos todos nosotros, quienes necesitamos aferrarnos a aquello que nos hace bien, lo que nos acerca a la paz, la felicidad y el equilibrio con nosotros mismos. Necesitamos, casi con urgencia, algo que nos aleje de esta especie de “pesimismo colectivo” que quiere jugar con nosotros y decirnos que ya no hay esperanza, ni nada por lo que luchar, que todo está perdido y nosotros condenados. El creer es necesario. Creer en nosotros y en los demás. Los ideales no deben morir, deben renacer. La familia, los amigos, los logros, el saber y la historia, nuestros valores, los lindos momentos, la verdad, la moral, la humildad, la ética, la solidaridad, la bondad, los sueños y el amor. Todavía hay cosas ahí. Acá. Cosas por las que tenemos que seguir adelante. Todos son cables a tierra que nos ayudan a pasar los malos momentos, sean cuales sean. Las personas que consideramos “ícono” en nuestra vida, quienes como un faro en medio de la noche, alumbran un camino y nos dan una guía de a dónde ir o cómo seguir. Esas son cosas a resaltar en tiempos de crisis, cosas por las cuales las crisis no son eternas y pueden (y deben) ser combatidas.
Entonces, la decisión es nuestra. Ante un hecho determinado podemos elegir: vendarnos los ojos (evitando la realidad y esta crisis), quedarnos mirando (sin hacer nada al respecto), o romper los cánones establecidos y hacerle frente a la situación, buscando soluciones y respuestas para seguir adelante. Todos pasamos y pasaremos por crisis, individuales o colectivas, más largas o más cortas, más grandes o más chicas, pero para eso está la esperanza, para recordarnos que es posible. Que se puede seguir. Que no tenemos que conformarnos. Que hay que pelear. Es por esto que tenemos que agradecerle a Pandora, ya que resguardó aquello que frente a lo imposible se hace infinito y nunca muere. Aquel último tesoro. La esperanza.









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