La vida camina siempre hacia delante, el pasado ya ocurrió y el futuro no se inventó, pero la intención de Ramón era volver a nacer. Y como un bebé, no tener pasado y nacer siendo una única persona; en todos estos años de vivir dos veces lo dividieron en casi dos almas que actuaban y pensaban de manera diferente.
Sin embargo, el presente es el momento de actuar y así fue, terminando con un cliente luego de la ardua tarea de brindarle lo que éste busca sea lo que fuere. Luego de emborracharlo de pastillas, lo dejo bajo el cielo estrellado con el gran domo de Palermo generando un eclipse de luna. Mientras manejaba el Ford Falcon Blanco se preguntaba justamente en qué consistía su trabajo. ¿Qué buscaban las personas que lo llamaban desde sus autos? Recuerda esos diálogos en su cabeza que se repetían una y otra vez de noches interminables:
Cliente: – Hola bom bom!, ¿cómo te llamás?
Ramón: – Pamela, pero decime Pam si querés.
Cliente: – ¿Y cuanto cobrás?
¿Qué buscaba esta gente?, ¿sexo?, ¿compañía?, ¿una propuesta diferente?, ¿salir del placard?, ¿amor? La ruta y la vista al horizonte no daban respuesta. Sin embargo, él ya no buscaba esas respuestas. No importaba olvidar y tampoco importaba recordar, ya que desde este momento todo volvía a empezar.
Y que todo volviese a empezar si bien reflejaba satisfacción en su mirada, también involucraba miedo. Mientras escuchaba la radio confirmaba que su comienzo no fue limpio en el aspecto de la conciencia ya que había aparecido públicamente su atraco al vehículo…
“Un hecho inusual nos despierta esta mañana en la ciudad de Buenos Aires cuando es encontrado cerca de nuestro planetario a un importante mafioso inconciente bajo los efectos de calmantes de venta libre. Éste hombre se lo ha relacionado con muchas causas de contrabando de diversas obras de reconocidos artistas plásticos. La policía lo encontró pero no quedó detenido por falta de evidencias. De todas formas se esta buscando su vehículo que…¨ (Cambia repentinamente a una estación de música folclórica)
Busca desesperadamente acomodar el dial pero ya se encuentra muy lejos de donde partió como para sintonizar dicha radio
Casi hablando solo mientras conduce, lidiaba una pelea mental entre el ángel y el diablo acerca de la culpa que debería generarle andar con un vehículo robado y, de alguna manera, ser prófugo o entorpecer la labor de la ley, el primero tiene una voz dulce mientras que el otro es la mezcla de un grillo con la pantalla de lluvia de una TV.
Ángel: – Deberías devolver el auto, es lo correcto.
Demonio: – ¡No!, estarías de nuevo en la ciudad atrapado sufriendo, ni mires atrás.
Ramón: – Mi lado siniestro tiene razón.
Ángel: – Te van a agarrar enseguida y va a ser peor.
Ramón: – Sí, debería deshacerme de todo esto, ¿no?
Demonio: – No le hagas caso, después lo solucionas, lo importante es ahora.
Ángel: – ¡Pero va a perder todo lo que logró hasta ahora!
Demonio: – No es verdad, vos querés que tenga la conciencia tranquila desde sus actos de acuerdo a lo que es socialmente aceptado por correcto cuando lo correcto es lo que lo impulsa a este cambio y la felicidad.
Ángel: – Es pan para hoy y hambre para mañana yo diría…
Ramón:- ¡Basta!
Cualquiera que hubiera visto esta acción pensaría que se trata de un esquizofrénico volteando la vista a cada uno de sus hombros.
Tanta tormenta mental lo hizo distraerse del sol que estaba allá y los objetos ya no proyectaban sombras, y para el estómago es una señal inesquivable. Inmediatamente después llega a una estación de servicio común, de esas que podes encontrar en una ruta con los surtidores que marcan con agujas la cantidad de nafta.
Ramón detiene el vehiculo, revisa rápidamente los asientos de atrás y la guantera para buscar algún indicio de por qué la policía busca el auto. Piensa para sí mismo que si la policía busca el auto también lo debe estar buscando, pero no encuentra nada, baja del auto se dirige al baúl, intenta abrirlo. Está cerrado. Vuelve al coche a buscar las llaves y aparece inesperadamente cuando baja, un hombre bajito de voz rasposa acercándose hacia él muy tranquilamente.
Juan: – ¡Buen día!
Ramón: – ¡Buen día!
Juan: – ¿En qué le puedo ayudar buen hombre?
Ramón: – Llenálo con nafta súper, ¿que tenés que pueda almorzar?
Juan: – La verdad no para gente muy seguido a comer por acá pero tengo para hacer unos sanguches de lomito.
Ramón: – Dale, buenísimo; hacéme uno de esos.
Juan: – Bueno, ahí te lo traigo. No te preocupes que corta sola la carga (refiriéndose al surtidor).
Cuando Juan vuelve para adentro, Ramón aprovecha disimuladamente para buscar algo en el baúl, lo abre y la expresión de su mirada se tensiona hasta el infinito. No emitió ningún sonido, convirtiéndose en un espejo del cuadro (o el cuadro un espejo de él). Encontró en su baúl “El Grito” de Edvard Munch. Y cerró delicadamente el baúl y su respiración aceleró su ritmo.
Vuelve Juan con un sánduche en un plato que emanaba un aroma totalmente delicioso, un perro lo sigue detrás. Ramón agarra el plato y come el sánduche con ganas, el perro intenta olfateárselo.
Juan: -¡Pichuco! ¡No molestes!.
Ramón: – No hay problema, no molesta. – Le da otro bocado al sánduche -. Lindo nombre para el perro, yo cantaba tangos cuando era pibe.
Juan: – Ah mira vos, ¿por qué no te dedicas a eso?
Ramón: – Tuve que dejarlo… me encantaba pero la situación se puso difícil, pienso volver ahora y cantar todos esos tangos que hablan del regreso y la nostalg…
Juan: (interrumpe)- Lindo coche. ¿Hace mucho lo tenés?
Ramón: – Si, es modelo 74, fui uno de tantos que contribuyeron a que sea el coche mas vendido del año.
Juan: – Che, ¿y no te paro la cana cuando dejaste la ciudad?
Ramón: – No, ¿Por qué?
Juan: – La poli está buscando un coche parecido a este que abandonó capital porque tiene algo muy importante. Dijeron que iban a alertar a las estaciones de servicio para que estemos atentas, igual por acá no pasa nadie.
Ramón: – ¿El baño?
Juan: – Por allá
Se dirige al baño y se mira al espejo, se revisa los bolsillos nerviosamente y se da cuenta que no tiene las llaves del auto. Escucha un teléfono sonar Juan atiende. “¿Hola?, […], si oficial, […], repítamela por favor, […], 1C4382902, (dice algo inaudible)”. Y cuelga el teléfono, en seguida vuelve a sonar, pero ahora Juan no emite palabra y cuelga. Ramón mantiene sus oídos atentos tratando de descifrar qué está pasando afuera. Se decide a salir y ve el baúl del auto abierto, Pichuco gruñendo, mostrándose ultra agresivo hacia él; y Juan no se encuentra por ningún lado. Camina lentamente hacia el auto para no alterar a Pichuco, y el cuadro sigue ahí. Cuando voltea para mirar encuentra a Juan acercándose con una escopeta apuntándole.
Juan: – Te la diste de malevo agente de la camorra, pero parece que te salió mal, te metiste con unos tipos jodidos.
Ramón: – ¡Pará!, ¡pará! ¡No dispares… no tengo nada que ver con esto!
Juan: – ¡Seguro que no! me llamo la poli, y la mafia y todos quieren lo mismo, te metiste en un tongo terrible…
Ramón: – Bueno al carajo con el cuadro, te lo dejo y me voy, dame una mano.
Juan: – ¡Ja! ¿Así como así? Olvidáte, me ofrecieron una recompensa por entregarte vivo. Con lo que me van a dar no voy a tener que laburar más.
Ramón se agarra la cabeza desesperadamente.
Ramón: – ¿Me dejas ir si te la chupo?, quedate con todo me voy caminando perpendicular a la ruta.
Juan: – Encima trolo resultaste ser, ¿sabes todos los gatos que me puedo garpar?, ¿como para que venga agarrarte ese manotazo de ahogado?
Ramón: – ¡Es mentira no te van a dar nada!
Juan: – ¿Y vos que sabés? No me vas a decir lo que tengo que hacer, ¡¿me escuchaste?!
Llega una musa inspiradora a su mente y cambia su mirada.
Ramón: – Bueno petiso pero esa arma no te va a servir de mucho si me tenés que aguantar vivo.
Se da media vuelta y se dirige al auto tranquilamente, cantando los primeros versos de “cómo dos extraños”.
Juan: – ¡Vení para acá!
Ramón: – Mirá, si me matás te van a matar a vos por fallarles y no creo que me vayas a reducir así que… ¿me querés acompañar? Creo que te va a venir bien buscar una nueva vida, no tenés muchas opciones tampoco si ya están viniendo para acá.
Juan: (Híper ventilando) – Y bueno, ¡tenés razón!, ya estaba un poco podrido de esto, ¡vení Pichuco!
Ambos suben al auto y salen a toda velocidad por la Ruta charlando e improvisando los detalles del porvenir.
Ariel Prat – Sr. Pamela