Alicia en el país de las maravillas de la libertad

Escrito por Pedro Medei Marzo - 26 - 2010

¡Cuánto ruido que en el último mes produjeron los avatars, los johnnys depps y el revolucionario efecto 3D que te hace doler hasta los huesos la caída de Alicia en el famoso hoyo! A priori una mezcla ideal: bichos raros, tipos famosos y una tecnología particular que da nuevas razones para pagar una entrada en un cine y, de paso cañazo, le quita el gustito a la piratería y el home theatre.
No todo es imagen (ni en el cine, ni en el teatro, ni en la vida), y vaya si la película dirigida por Tim Burton y basada en las historias que alguna vez escribiera Lewis Carroll lo siguen demostrando.

El cuento parece ser el típico drama de cualquier chica joven hija de la clásica aristocracia inglesa: se tiene que casar con un tipo que no quiere pero que está acomodado y que le garantiza una vida de abundancias, plena de ocio y carente de trabajo. Al tipo lo elige la familia de la chica y ella, irremediablemente, tiene que aceptar. El problema es que esta chica particularmente estaba medio loca. Desde niña soñaba con un conejo empilchado y con un reloj en la “mano” que la llevaba a través de un agujero a una tierra donde todo lo que no es posible sucedía: una oruga sabia fumaba opio y hablaba, un flaco raro hacía sombreros, un conejo destartalado resultaba ser un loco lindo y había dos reinas de colores que tenían como súbditos a una innumerable cantidad de animales extraños. Vistas las cosas así, hay que abandonar la hipótesis del romance.

Había llegado el día del casorio: el tipo era feo, tenía problemas digestivos y hacía un ruido espantoso al sorberse los mocos. La piba estaba al horno, ya estaba todo arreglado y la completa english aristocracy espera su “yes”. Cuando el flaco se le declara, Alicia lo ve de vuelta al conejo y corriendo detrás del bicho lo deja al tipo pintado. El resto de la historia es conocido. Vayamos al final: la chica se convierte en la heroína de Wonderland, después de bajar al pájaro grandote de la Reina Roja y devolverle el poder a los blancos (sin alusiones a la política yorugua). Ella es una star, una wondergirl en una wonderland (como el nowhere man en una nowhere land de John, Paul, George y Ringo), es rubia y es muy linda; tiene todo… y sin embargo cuando puede volver a elegir, decide regresar a la poca maravillosa Londres de su época, a responderle al tipo al que había dejado pintado.
A pesar de todos los reduccionismos dentro de los que se podría encajar esta historia, a mí me parece que hay un factor very wonder que no acepta reducción (y salva entonces a los libros y al film de la costumbre de achicar todo lo grande) y que es el factor que Carroll y Burton llamarían freedom, el mismo que Lugones y Borges (y también Arlt, y el panadero de la esquina) nombrarían libertad.

Esta cosa very wonder según quien escribe se juega en dos momentos, tanto en su aspecto negativo como positivo. Negativamente, cuando Alicia está sol’una (diría un florentino) ante el ‘sí’ o el ‘no’ que cambiaría para siempre su vida, se evade y corre detrás de una fantasía (ustedes imagínense, ¡la flaca está en el altar y aduce para sí misma perseguir a un roedor pudoroso y consciente de sí mismo!) “¡No respondo nada, me ne vado!”; y allí va, detrás de una fantasía que resultó ser tan real como quien escribe. Y aquí entonces aparece la freedom positivamente utilizada: era real… los dos conejos, el sombrerero, las dos reinas, la oruga drogadicta, las pociones y comidas que agrandaban y achicaban de tamaño el cuerpo… ¡wonderland era real!; y ella, con su dignidad de heroína y de princesa había pasado a la historia de ese País de las Maravillas. Todo marchaba tan bien… y aparece la pócima que Burton pinta de violeta: “si te la tomás volvés al casorio en Londres, si no, te quedás acá lady princesa”. ¿Por qué cuando todo marchaba tan bien Alicia tomaría la decisión de tomar (valga esta redundancia) la pócima del regreso a esa realidad de la que hacía un rato nomás había corrido despavorida detrás de una aparente ilusión?

A esta pregunta sólo la puede responder el maravilloso camino que Alicia recorre en el País de las Maravillas, camino que tiene su culmen en el descubrimiento de que sólo el ‘sí’ ante la realidad (la realidad maravillosa de ser la elegida para matar al pájaro grandote) puede desencadenar una historia maravillosa, una wonder history digna de una wonderland. Lo cierto era que Alicia pertenecía a Londres (al País de los Maravillosos Hombres), y su ‘sí’ ante la encrucijada del expreso a Londres o de la estadía en wonderland se jugaba positivamente en la primera opción, no para volver a someterse a la voluntad del poder, sino para jugar su vida por aquello que más quería (que esto para nosotros es un misterio pero que no puede ser algo muy distinto a la felicidad). Alicia volvió a la realidad real, allí donde las mariposas azules no hablan, allí donde hay tipos que se suenan mal los mocos, allí donde siembre habrá alguien de carne, sangre y hueso, y bilis (why not?) a quien entregarle la vida.

Un comentario en “Alicia en el país de las maravillas de la libertad”

  1. Ita dice:

    grande Pedro!

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