But the inner heart…

Escrito por Pedro Medei Noviembre - 26 - 2009
1984

1984

En “1984George Orwell cuenta la historia de un régimen totalitario que a través de una atenta mirada a los sistemas similares ya acontecidos como el nazismo o el socialismo y a los errores que llevaron a éstos a su fin, dice encontrar la manera de evitar la pérdida del poder perpetuando así para siempre el dominio del famoso “Partido” . Criticando la debilidad de los sistemas que buscaron sostener su poderío a través de mentiras camufladas con vestigios de humanismo y justicia social, el Partido se consagra bajo los lemas de “Guerra es Paz”, “Libertad es Esclavitud” e “Ignorancia es Fuerza” y domina desde la vieja pero necesaria figura del líder el cual a diferencia del Fürher o el Duce, nunca ha sido visto y se conoce como “Gran Hermano”. El mismo, inspirador del nuevo “opio de los pueblos” (base literaria del ­reality show internacionalmente conocido como “Gran Hermano” o “Big Brother”), se manifiesta a sus seguidores a través de pantallas que se ubican en las calles, lugares públicos y casas privadas, desde donde da a conocer sus órdenes y vigila no sólo que éstas sean cumplidas, sino también que se sean acatadas de buen grado y con la gratitud que la magnitud del “Big Brother” se merece. De ésta manera, el partido no sólo dispone controlar de las acciones de sus sometidos sino también del pensamiento. Para ello cuenta específicamente con lo que hoy sería una fuerza de choque (si bien en el libro esta es legal porque las leyes no existen) llamada la Policía del Pensa­miento, la cual se encarga concretamente de seguir y arrestar a los criminales del pensamiento, quienes son desaparecidos durante las noches y borrados de la historia. A su vez, el Partido cuenta con otra herramienta fundamental que es el desarrollo del “neo-lenguaje” el cual consiste en la reducción progresiva del lenguaje hasta el punto de alcanzar una lengua que no permita poder desarrollar un pensamiento verdadero, mucho menos revolucionario.

En este desesperante contexto, Wiston, el personaje principal del libro, se anima a dar el paso y lanzar el desafío de mirar a lo más hondo que el hombre tiene a fin de reconocer que la circunstancia no se constituye como algo determinante (ver cita en español):

“He thought of the telescreen with its never-sleeping ear. They could spy upon you night and day, but if you kept your head you could still outwit them. With all their cleverness they had never mastered the secret of finding out what another human being was thinking. Perhaps that was less true when you were actually in their hands. One did not know what happened inside the Ministry of Love, but it was possible to guess: tortures, drugs, delicate instruments that registered your nervous reactions, gradual wearing-down by sleeplessness and solitude and persistent questioning. Facts, at any rate, could not be kept hidden. They could be tracked down by enquiry, they could be squeezed out of you by torture. But if the object was not to stay alive but to stay human, what difference did it ultimately make? They could not alter your feelings: for that matter you could not alter them yourself, even if you wanted to. They could lay bare in the utmost detail everything that you had done or said or thought; but the inner heart, whose workings were mysterious even to yourself, remained impregnable.”

Sin embargo existe un factor que sí es determinante y que Wiston olvida en ésta apreciación, factor que sólo logra reconocer cuando ya es tarde, cuando su libertad y las hojas de Orwell se terminan. Y es el factor tal vez más dramático por ser aquel que existe fuera de las posibilidades de uno: el otro. Es sólo ­cuando Wiston pierde al otro (encarnado en la figura de Julia, persona con la que sostiene una re­lación de noviazgo en la que realmente puede ser él mismo, a través de la cual puede ser más hombre), que pierde aquel pilar en el que se sostiene “el fondo de su corazón.” Un corazón misterioso incluso para su dueño…

George Orwell

George Orwell

Y pensó en la telepantalla, que nunca dormía, que nunca se distraía ni dejaba de oír. Podían espiarle a uno día y noche, pero no perdiendo la cabeza era posible burlarlos. Con toda su habilidad, nunca habían logrado encontrar el procedimiento de saber lo que pensaba otro ser humano. Quizás esto fuera menos cierto cuando le tenían a uno en sus manos. No se sabía lo que pasaba dentro del Mi­nisterio del Amor, pero era fácil figurárselo: torturas, drogas, delicados instrumentos que registraban las reacciones nerviosas, agotamiento progresivo por la falta de sueño, por la soledad y los interrogatorios implacables y persistentes. Los hechos no podían ser ocultados, se los exprimían a uno con la tortura o les seguían la pista con los interrogatorios. Pero si la finalidad que uno se proponía no era salvar la vida sino haber sido humanos hasta el final, ¿qué importaba todo aquello? Los sentimientos no podían cambiarlos; es más, ni uno mismo podría suprimirlos. Sin duda, podrían saber hasta el más pequeño detalle de todo lo que uno hubiera hecho, dicho o pensado; pero el fondo del corazón, cuyo contenido era un misterio incluso para su dueño, se mantendría siempre inexpugnable.

Un comentario en “But the inner heart…”

  1. [...] | But the inner heart | Se hace camino al andar | El último tesoro que nos queda | Tras los muros sordo ruido | Para [...]

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