
Jorge Fandermole
Ya no se puede fumar, sin embargo, una bruma extraña rodea el ambiente en La Vaca Profana. Las mesas se encuentran llenas, algunos toman cerveza, otros, gaseosa. Todos están llenos de ansiedad. La mayoría de gente es mayor, sin embargo, las palabras que pronto iban a escuchar, acompañadas por dos guitarras, seguían frescas y jóvenes como el día en que se habían escrito: algunas hace más de 25 años, cuando el músico, que tímido se acercaba el escenario, editó su primer disco: pájaros de fin de invierno.
Jorge Fandermole empezó su recital, con la guitarra en mano, tocando unos lentos acordes. El público lo aplaudió con fervor luego de que termine la primera canción, y de la misma forma lo siguió aplaudiendo en las canciones que siguieron.
Oración del remanso, Diamante, Corazón de luz y sombra, Sueñero, Cuando, y Canto versos, son sólo algunas de las canciones que de forma impecable fueron interpretadas a centímetros del público, con la calidez de la voz de Fander. En las pausas, bebía un sorbo de agua, y dejaba absorto al ambiente con ¿metáforas? como aquella que dice que estamos hechos de lo mismo que las estrellas. Y entre chacareras, zambas, y juegos rítmicos (La torcida), fue transcurriendo un recital sobresaliente.
Cuando Fandermole se estaba retirando, el equipo de Leviatán le solicitó una entrevista a la que accedió inmediatamente; y vía mail pudimos concretarla.
De esta forma, respondió abiertamente a todas nuestras preguntas.
¿Cómo llegó a tu vida la música? ¿Cómo iniciaste tu carrera y supiste que era lo tuyo?
Mis primeras experiencias musicales son de la infancia y están relacionadas con estudios de guitarra y repertorio folclórico en mi pueblo de origen. La dedicación profesional llegó, podría decirse, tardíamente, como a los 27 años y se relacionó con condiciones particulares de mercado del disco y de propuestas artísticas a principio de los ‘80 que prevalecieron frente a otras posibilidades profesionales en cuestiones no artísticas, a las que yo me venía dedicando entonces. Con el tiempo el trabajo se reafirmó y no sé si es ésto (la canción) únicamente lo mío, pero sí a lo que más tiempo y energía le dedico.
¿Qué te lleva a crear las canciones? ¿Seguís algún proceso en particular, o cada una nace de una forma diferente?
Trato de trabajar acorde a mis convicciones y a mis saberes. Creo que la canción es una forma expresiva con una extraña química entre dos lenguajes y a cuya creación se puede acceder por múltiples ingresos: la palabra, la idea, la frase, una copla, un patrón rítmico, un motivo melódico, una secuencia armónica, etc. He tenido diversas experiencias y trato de trabajar no imponiendo un procedimiento en particular; creo que lo único permanente y obligatorio es la continuidad y la persistencia en el trabajo y hacer todas las correcciones y descartes que hagan falta.
3)¿Qué influencias musicales y poéticas tenés?
ES una pregunta reiterada a la que creo que nunca respondo con presición porque no puedo. Soy un escucha y un lector discontinuo y desordenado, y siempre fue así. Lo que puedo asegurar es que he tomado sin prejuicio cualquier elemento estético de músicas nacionales o extranjeras que me hayan motivado, sensibilizado o conmovido y he tratado de hacerlos funcionar en mis canciones. De todos modos reconozco especiales influencias de los principales autores y compositores argentinos de los 60 y los 70, de la mejor poesía del tango y de toda literatura clásica y contemporánea de la que pueda extraer nociones que me sirvan como disparadores posteriores.
¿Por qué vale la pena hacer música? ¿Por qué vale la pena dedicar la vida a lo que muchos tomarían como un par de notas y un par de palabras?
Por el mismo motivo que vale la pena dedicarse a cualquier actividad artística, o, siendo más amplio, a cualquier actividad que uno crea le permita crecer y desarrollarse como persona con cualquier status. El arte es un tipo de visión del mundo y un modo de acción que busca para unos modificarlo, para otros transfigurarlo. Personalmente estoy íntimante cada vez más lejos de las convicciones productivistas, aunque deba moverme según sus preceptos, y más cerca de las necesidades espirituales o más precisamente del convencimiento del deber humano de equilibara nuestra faz espiritual con la desastrosa prevalencia de nuestras necesidades laborales, consumistas y estrictamente mundanas, fuertemente afirmadas en conceptos de poder y relaciones desintegradas. La música y la poesía son puertas del espíritu, herramientas críticas y de conocimiento y vale la pena darles un tramo de crédito que al menos equipare el que le damos a tanta otra basura que sostiene nuestra vida de modo costoso e insalubre.
Muchos de los músicos populares hoy en día, no le dan tanta importancia a la letras de sus canciones. Sin embargo vos sos partidario de darle un sentido particular a las mismas. ¿Por qué?
La palabra tiene la posibilidad de significar y de trasmitir, además de sonar (ahí su estricta condición musical) en diversos niveles desde los utilitarios a los poéticos; pero además son las formas con las que armamos nuestras ideas, nuestros imaginarios. Es obvio que el valor de éstos estará relacionado con esa materia de que están hechos y el hecho estético musical- poético de cómo suenen y a qué arquitectura aporten. ¿No es suficiente motivo para prestarles mucha atención?.
¿El Fandermole que empezó a escribir música allá por la década de los ‘80, es el mismo que hoy, o alguna circunstancia cambió tu actitud ante la hoja o pentagrama en blanco?
El cambio más evidente es la actitud autocrítica y la clara sensación de falta de conocimientos que muchos compositores sin formación académica fuerte padecemos.
¿Alguna vez compusiste y publicaste una canción, de la qué luego te arrepentiste por alguna razón, como por ejemplo, haber cambiado tu opinión respecto al tema?
Algo parecido; alguna vez me metí en temas escabrosos o que me interesaron momentáneamente y después me dí cuenta que no tenían demasiado sentido para mí.
Siempre preferiste mantenerte un poco al margen de grandes exposiciones de tu música. Usualmente tocás en teatros pequeños y bares, cuando bien es sabido que tenés la capacidad de hacerlo en cualquier otro lugar. ¿A qué se debe esto?
En parte a la modalidad de producción a la que estamos acostumbrados y que no elegimos arbitrariamente sino como alternativa posible: gran parte de los conciertos son producciones propias, independientes. En ese orden, los teatros y salas más grandes exigen mayor esfuerzo de convocatoria y mayores costos en general; a veces los pubs y concerts son igualmente rendidores y tienen muchas menos exigencias de producción.
La canción “Diamante” es una de las que más nos impresiona. ¿En quién o en qué pensaste al componerla? ¿Por qué?
La referencia específica es de orden personal y no tiene mayor importancia. Diamante es una parábola sobre los dones, las virtudes, lo bueno que uno recibe sin querer y el renunciamiento frente a aquellas cosas que, de poseerlas, perderían su belleza y su misterio.
Decís: “… Cristo de las redes, no nos abandones…” ¿Es por algo particular lo que dice la canción, o refleja tu postura frente a la religión?
La canción, al menos en parte, es una plegaria y como tal invoca y solicita. La voz del suplicante no es la propia, es la voz de alguien que pertenece al lugar, que trabaja en la pesca y que pide por sus necesidades. No soy religioso, no al menos en el sentido que rige la oración en ese tema, pero entiendo y comparto la necesidad humana de Dios aunque esté lejos de las prácticas y de dogmas específicos.
¿Es posible saber alguna vez la respuesta a Las preguntas? ¿Es posible saber qué busca el ojo que mira lejos o qué escuchan los ancianos en los nidos del silencio?
No sé si es posible obtener las respuestas, pero al menos esa canción es una reflexión sobre las innumerables cuestiones que lo rodean a uno y que a veces ni se perciben.
En tu última presentación en Buenos Aires, dijiste que el hombre está hecho del mismo material que el hierro y que las estrellas. ¿Qué quiere decir? ¿Qué implicancia tiene eso en tu vida, cada día?
Esas expresiones no son simbólicas, son hechos objetivos del mundo físico y parecen tan ajenas debido a la falta de reconocimiento que tenemos hacia el entorno, hacia el resto de las cosas. Cuando las civilizaciones antiguas deificaban al sol probablemente lo hacían desde una intuición respecto del poder, de la luz, del calor intenso, del rigor del vínculo entre el astro y los ciclos diarios y anuales y su relación con las cosechas y su propio bienestar y subsistencia. Probablemente no sabían que la totalidad de la energía disponible sobre la tierra y que hace posible toda forma de vida proviene exclusivamente del sol; es más, actualmente no sé cuanta gente lo sabe y lo tiene en cuanta. A mí me maravilla ahora esa línea de saber- intuición que nos vincula a contemporáneos y antiguos del mismo modo que me maravilla la identidad física que compartimos con lo más remoto, dado que, en efecto los mismos elementos de la tabla periódica están presntes en nuestro cuerpo y nuestro mundo y en el resto de los astros. No es una metáfora, es química.