Cien automóviles olvidados

Escrito por Mariana Ferrari Diciembre - 22 - 2008

Sueños de Teodora El camino está despejado, sin problemas a lo lejos; aunque siento algo atrancándome el corazón.

Desperté luego de un sueño perturbador, mi frente sudada y entrecortada mi respiración; no recuerdo nada en particular, tan sólo sensaciones que se lograron desencadenar. La habitación en penumbras está algo fría a pesar de que las ventanas se encuentran cerradas. Recorro el trayecto que me lleva desde el cuarto hasta la cocina entre los rayos de luz de luna que se cuelan por las ventanas. Mis pies descalzos sobre el frío mármol aceleran el paso, un vaso de agua calmará la angustia, pienso; pero esas voces.

Vuelvo a mi cuarto para lograr conciliar nuevamente el sueño, aún no amaneció y sé que debo despertarme temprano; pero esas voces. Duermo.

Abro mis ojos y parecen haber transcurrido apenas 5 minutos desde que los cerré, es que unos gritos me han despertado; salto de mi cama y corro descalza hasta llegar al hall de entrada. Abro la puerta de calle donde me recibe un fresco aire matinal y unos implacables rayos de sol naciente. Despojo a mis ojos de las lagañas y logro ver una caravana de autos llenos de personas, todos ellos clamando mi nombre. Se detiene frente a mí un auto rojo, ni muy nuevo, ni muy viejo; mi hermano se encuentra manejando y me llama agitando sus manos. Es entonces cuando decido poner un pie en la áspera vereda, dispuesta a ir y subirme en el auto; aunque siento algo atrancándome el corazón. Una ráfaga de polvo, tan fuerte que cerró la puerta del auto, me obligó a cerrar los ojos. Miles de luces de colores pasaron frente a mis cerrados ojos, sonidos de autos arrancando, frenando, miles de voces y de pronto: el silencio. Cuando pude abrir los ojos, no podría decir si pasó un instante o dos horas, ya no había nada. La calle más desierta que jamás había visto. De un salto entro a mi casa, corro de a tropezones hasta mi cuarto, me arropo entre las sábanas y cierro tan fuerte mis párpados que las sienes comienzan a latirme.

Aunque siento algo atrancándome el corazón, pronto siento el frío asfalto en mi espalda, las cortaduras y golpes comienzan a latir; entonces abro mis ojos, y mientras rindo mi cabeza hacia un costado, veo varias figuras cubiertas con mantas y millares de fierros retorcidos a mi alrededor.

Y esas voces.

Un comentario en “Cien automóviles olvidados”

  1. Mari, creo que ya te lo había dicho… pero te lo repito. Me encanto. Creo que la idea es aterradora…. pero te deja pensando.

Comentar

Avatar: Si querés tener tu propia imagen o foto en los comentarios, seguí estos pasos.

Reglas: Todos los comentarios con insultos o que no aporten nada a la entrada en cuestión podrán ser eliminados sin previo aviso.

Se pueden usar las siguientes etiquetas XHTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

VIDEO

TAGS

Sponsors

About Me

“No hay un instante que no esté cargado como un arma” Escribía Borges. Con la revista Leviatán, pretendemos decir que no hay ni una sóla palabra, ni una sóla circunstancia, y ni un sólo instante en la vida; que si se lo busca con profundidad, esté cargado con Verdad. O con preguntas. Al fin y al cabo, cada pregunta verdadera, implica una Verdad; y no existe Verdad alguna que no nos genere preguntas. La revista está a la espera notas y críticas de cualquiera que desee participar para seguir alimentando al monstruo.

Twitter

    Photos

    lidziacumulation[Explore]matiprinces..14513393. I never tried to feel. I never tried to reach your eden.(saudade)el arte de reir llorando