Archivo en Diciembre, 2007

Las olas

Escrito por Germán Gallo Diciembre - 11 - 2007
Virginia Woolf

Virginia Woolf

Virginia Woolf nos presenta el mundo de una forma absolutamente sencilla, dolorosa, agradable, valiosa. A través de cinco personajes que tan sólo relatan su vida, los vamos conociendo, los vemos crecer mediante una serie de imágenes que nos hacen quedar inmersos  en la historia, y aprendemos al mismo tiempo que ellos lo hacen.

Las olas es considerada por muchos como un libro donde “No pasa nada”, y si bien, no hay un conflicto argumental establecido, definitivamente pasa todo.
La escritora nos plantea el mundo visto desde ojos ajenos a los nuestros y en ese mundo podemos tomar valores para nosotros mismos.
Muchas veces sucede que no entendemos, o nos es difícil aceptar la forma en la vida, pensar en que siga un camino, un ciclo, una travesía. Y aquí se la ve de una forma hermosa, como una ola. Creciendo abominablemente, siendo atravesada por los rayos del sol, para luego romper en una arena, que tiembla y vacila entre frío y calor.    Y lentamente volverá, las gotas de agua volverán a ser parte de la inmensidad del mar. Y volverán a romper sin recordar que alguna otra vez ya lo habían hecho. De todas formas, entender, o creer entender, algún ciclo, o alguna previsibilidad en la vida no  lija nuestros pesares. Todo sigue siendo agudo, como al momento de una inyección. Saber que viene, no alivia las situaciones. Porque de alguna forma eso es lo que nos hace personas, el seguir adelante. Quizás la ola que se envuelve a sí misma en la arena cree caer para jamás volver a crecer, pero lo hace.

Y allí nos lleva Virginia Woolf, nos hace sentir la muerte, nos hace enamorarnos, tener celos, envidia, nos hace padecer los más bajos instintos. Pero en todo esconde siempre un dulce silbido. Porque si bien la ola rompe en la playa, la ola no es sin la playa. Y así tampoco la playa es, sin el mar.
Eso mismo somos los seres humanos. No somos sin tristeza, no somos sin lágrimas y al mismo tiempo no somos sin sonrisas y alegrías.
Porque todo es parte de nosotros y porque así somos una totalidad. Tampoco somos en soledad, necesitamos de aquellos que forman las cosas. Los necesitamos por más que muchas veces los despreciemos.  Y no somos sin nosotros mismos.
La división en la vida es algo propio del hombre, pero suele ser algo inútil, ya que todo está levemente hilado con todo. Tejido con paciencia, desesperanza, llantos, besos, angustias y ese océano infinito de sentimientos que nunca llegamos a comprender de forma absoluta. Porque quizás, esos sentimientos son como nosotros, y no podemos entenderlos sino intentando percibirlos enteros, sin límites. No es fácil, nada lo es. En algún lugar del libro se sintetiza con sinceridad: “Las olas rompían en la playa”.

Ojalá

Escrito por Germán Gallo Diciembre - 11 - 2007
Rubén Darío

Rubén Darío

«Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!»
Rubén Darío

La poesía muchas veces hace pensar, recapacitar sobre uno mismo, sobre la forma en la que vemos a través del mundo. Así también lo hacen los citados versos de Rubén Darío, generando interrogantes…
¿No vivimos en un mundo al que parece que le dieron una inyección de morfina?
Cada vez sorprende más cómo todo pasa… y pasa, como si nada. Nada duele, y si duele, no se dice. No era bueno ser extremistas, apoyar ideologías que iban en contra de los derechos propios del hombre. Sin embargo, hoy pareciera que nadie toma partido por nada. Nos quedamos a observar paradigmas sin decidirnos, y sin preocuparnos por la indecisión. Vemos pasar la vida, como páginas de un libro, y pretendemos que «el autor» nos haga protagonistas sin aportar nada de nosotros mismos.
El mundo es como una playa, y cada uno de nosotros un grano de arena. El sol, nos quema a todos, el mar nos abraza en su humedad, y sin embargo, somos arena. Arena y nada más. Nos dejamos pisar por quienes vacacionan. Qué ironía que quienes vacacionan son en realidad quienes más se esfuerzan por ir caminando con la arena entremezclándose con sus pies.
No es una cuestión de poder, sino de querer. De entregarse a algo, una vez que se encuentra una pasión, un sentimiento, un motivo, todo empieza a tener sentido. Empezamos a transformarnos en el grano de arena al que el viento se lleva volando.
Ojalá que pronto dejemos una playa desierta y un aire viciado de sueños. Ojalá tengamos la humildad de reconocer que el mundo es ésto, que el mundo somos cada uno, cada uno como un nosotros. Ojalá nos atrevamos a volar y a dejar las huellas sólo como recordatorio de la nada, de la nada que fuimos cuando no nos atrevíamos a crecer. Ojalá aprendamos del árbol y de la piedra, para que el tiempo diga que aprendimos a ser humanos.
Ojalá comprendamos, que la diferencia entre el «ojalá» y el «ser» es una cuestión de voluntad.

Y el mundo gira…

Escrito por Mariana Ferrari Diciembre - 11 - 2007
George Harrison

George Harrison

Además de un tenebroso pero espectacular sonido, la letra de While my guitar gently weeps (Mientras mi guitarra suavemente llora) de George Harrison, guitarrista de The Beatles, va más allá si uno sabe dónde observar…
Desde los primeros versos puede descubrirse de qué se trata.
“Los miro a todos, veo el amor allí que está durmiendo”. Mientras el suave sonido lastimero de una guitarra se suspende en el tiempo, su instrumentista observa y advierte lo que pasa a su alrededor, lo desenamorado que está el mundo consigo mismo, “cómo nadie te dijo cómo desenvolver tu amor”.

Nos anestesiamos en esta vida para no sentir dolor, pero tampoco podemos sentir amor. Y el solo del suave sonido lastimero de la guitarra. Intentan manipularnos de todos los ángulos y aristas posibles, y muchas veces lo consiguen porque ¿quién tiene el suficiente poder mental para abstraerse de todo eso? Vivir a través de los años se ha convertido en un sobrevivir, en estar cinco días a la semana sufriendo y esperando los siguientes dos. Todos los proyectos, todas las metas, todos los desafíos que podemos tener, ya no son un tema interesante, porque nadie arriesga, ni se sacrifica por lo que cree o ni siquiera cree en algo; y con esto me refiero a creer en todos los sentidos que existen en la vida, no es solo religión, sino creer en un ideal, en un emprendimiento, creer en lo que digo y siento; en simples palabras: “jugársela”, desafiar al mundo. Y el solo del violento sonido lastimero de la guitarra. “No sé cómo alguien te controló, te compró y te vendió”; con sólo caminar por cualquier avenida medianamente importante se puede sentir el avasallamiento de las publicidades, como basiliscos que sólo con una mirada nos pueden matar las neuronas, succionar nuestra libertad de pensamiento tan fácil y rápidamente que, quizás, ni siquiera nos percatemos de ello y sigamos creyendo tener conciencia propia, hasta que (con suerte) veamos nuestro reflejo en otra persona o (con más suerte aún) nuestro propio reflejo, y así como el basilisco muere al verse reflejado, podemos vencer este terrible enemigo. Aunque escapar de la epidemia del nihilismo es una tarea muy compleja, uno sólo puede salvarse introspectivamente para luego exteriorizar su cura y salvar el mundo. Todavía mi guitarra suavemente llora…

Olvido Selectivo

Escrito por Germán Gallo Diciembre - 11 - 2007
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos

“¡Que feliz es la suerte de la vestal sin tacha! Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada. Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Cada rezo aceptado, cada deseo vencido.”

De la mano de uno de los versos de  “Cartas de Abelardo a Eloisa” de Alexander Pope, el director Michael Gondry nos lleva navegando por el impecable guión de Charlie Kauffman (Quieres ser John Malkovich?, El ladrón de Orquídeas) hacia una película que es una aventura en sí misma.
¿Quién no se sintió despechado alguna vez cuando el amor fracasó? ¿Quién no daba todo por olvidar ese nombre que cada vez que se pensaba terminaba deprimiéndolo?
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos plantea la solución a este problema. Con tan sólo llegar a la clínica Lacuna Inc. puede borrarse de la mente de uno a cualquier persona. Al verla nuevamente no se va a tener ni siquiera noción de quién es, ni de qué se vivió con ella .

Seguramente si alguno de los que leen esta nota, está viviendo un momento de desamor eso sonaría increiblemente tentador, como en la película lo es para Clementine (Kate Winslet) que desea olvidar para siempre a su novio, Joel (Jim Carrey). Por eso acude a este lugar, lo borra de su mente, y al enterarse de eso Joel, furioso y decepcionado decide someterse al mismo procedimiento. La mayor parte de la película sucede en su mente, donde él, al principio se encuentra feliz de hacer lo que está haciendo. Sin embargo, los mismos recuerdos hacen que se arrepienta, pero ya no hay vuelta atrás…
Ahora bien, el principal conflicto es el siguiente ¿realmente hay que olvidar las
cosas?
Superar algo no es condenarlo al olvido, eso es solamente esconder el dolor bajo la alfombra, no existe la cura mágica que propone esta película y sin embargo muchas veces las personas actúan como si fuese posible hacerlo.
Los recuerdos son momentos que con el tiempo se van endulzando, a veces esa dulzura termina envenenando a uno, volviéndolo ciego, dependiente de ellos. Concluye en que uno es un ser viviendo del pasado de una forma absurda que no es más que una mera excusa para no aceptar que la mayoría de veces no todo es color de rosa.
La cura para el desamor está en uno mismo, no está en el alcohol ni en soluciones metafísicas ridículas y sin sentido. Pero como en la mayoría de las cosas, lo mejor, es lo más dificil. Porque requiere que nos movamos, que nos levantemos de la silla y salgamos a caminar. Podemos hacerlo mirando para atrás, pero si se quiere ser feliz, mejor caminar mirando al cielo.

De la tierra al cielo viajando en avión…

Escrito por Revista Leviatán Diciembre - 11 - 2007
Cabina de avión

Cabina de avión

La presente entrevista fue realizada personalmente al piloto Gustavo Ruiz de Galarreta. Él comenzó su carrera como piloto en las fuerzas armadas argentinas  y luego de retirarse empezó a trabajar en Austral líneas aéreas.

Cuando empezaste a trabajar en una aerolínea, ¿cuáles fueron las diferencias más notables que vos veías entre ser piloto civil y militar?
Nada que ver entre sí, es otra vida. O sea, diferencias, todo es distinto. Lo que pasa es que dentro de las FF.AA es una forma de vida, es algo muy especial, uno se prepara para una guerra, permanentemente, aunque no exista, de hecho es así. Cuando estaba Malvinas, yo estaba en la escuela naval y después cuando hubo que ir a Irak, allá al Golfo que fueron buques argentinos, yo no fui, no me tocó; pero la razón de ser del que esta en las FF.AA. es que eso ocurra, que eso pase.
¿Te hubiera gustado ir?
Y claro, en su momento sí. A pesar de ahora no estar nada de acuerdo con lo que pasó. Por supuesto que sí, para eso estaba. Lo que pasa es que visto desde el otro lado, hoy digo que fue una ridiculez. No, no estoy de acuerdo con los motivos de la guerra, pero alguien tiene que ir ¿no?
Así que, es muy diferente una cosa de la otra. El otro es un trabajo con características de trabajo pero con algunas particularidades que es distinto a casi todos los trabajos. Es algo diferente. Es raro.
Cuando volás, ¿lo disfrutas de la misma manera?
Y sí, porque para el que le gusta volar es muy lindo. A mí me encanta volar, como a la mayoría de los pilotos. No sé si es una pasión, porque esto también es un trabajo, una obligación y una responsabilidad pero sí, obviamente, nos gusta volar. En los dos ámbitos (FF.AA y piloto civil) eso es común, pero son dos trabajos totalmente diferentes, dos actividades diferentes.
¿Es monótono volar para vos?
No, no. Para nada. Nunca es igual, o sea como característica de trabajo; ningún vuelo es igual a otro, no hay rutina, esto quiere decir que volamos en cualquier horario, no hay ni día de semana ni horario que puede llegar a ser entretenido para algunas personas pero que para otras personas puede ser una tortura, ser durísimo. Es muy divertido. Para los que le gustan las cuestiones operativas no es para nada monótono. No es un trabajo que hay que pensar, analizar, proyectar. No, no. Esto es muy concreto, muy rápido.
¿Volás por vos o sentís una responsabilidad por lo que estas haciendo?
Siempre hay una responsabilidad, siempre. Hay responsabilidades concretas: legales de todo tipo, civiles, penales. Funciona así.
¿Es difícil  manejar un avión?
No. En realidad lo que puede resultar difícil es aprender a volar. Hay ciertas cualidades que hay que tener que no son nada extraordinario, que deben tener la mayoría de la gente. Pero al que no las tiene, le es imposible volar, como por ej. las personas que tienen vértigo. Hay ciertas cosas que son limitantes para las personas pero después de eso, todo el mundo aprende. Por esto es que también se hacen tests psicofísicos, para volar. Para que cada piloto esté en condiciones, no sólo en aspectos físicos sino también en los psíquicos.
¿Cómo estás cuando volás, tranquilo, atento…?
Depende mucho de las condiciones. Imaginate, volar todos los días en una línea aérea se vuela muchísimo y uno se maneja dependiendo las condiciones. Hay días tranquilos como hoy (despejado), que no pasa nada, pero no todos los días son así. Si uno va a un lugar donde hay tormentas y actividad la cosa es más complicada.
¿Cómo es tu trabajo ahora? ¿Tus vuelos son cortos, largos? ¿Tenés horarios fijos?
Hay de todo. Voy a todos lados. En la línea se hace una programación mensual de vuelos, de actividad: hay días que tengo libres y días que bueno, tengo que por ejemplo volar muy temprano. Igualmente hay condiciones para volar. No se puede por ejemplo viajar 20 horas, hay muchas restricciones para programar los vuelos. Hay una Ley Nacional que estipula cuántas horas puede volar un piloto, con respecto a donde viaja y todo. En el avión ocurren muchas cosas simultáneamente, hay que estar atento a muchas cosas a al vez y eso es lo más complicado, y un piloto frente a esto, tiene que estar en perfectas condiciones.
¿Te relacionás con alguien más además del otro piloto del avión? ¿O solamente con él?
No, no. No subo al avión y bajo y ya está. Es bastante compleja la operación. El avión esta en tierra un rato, pero que es bastante corto, debido a que si está mucho tiempo sin volar, pierde plata. Entonces en ese período, del avión tienen que bajar pasajeros, volver a subir pasajeros. Además acomodar todos los servicios del avión: mantenimiento, cargar combustible, cargar insumos del catering, se calculan las condiciones de despegue y de vuelo y por último se despacha el vuelo. Todo eso en muy poco tiempo. Así que lleva una dinámica altísima.
¿Tu única función en el avión es volar?
Cuando se cierra la puerta, todos los pasajeros están bajo mi responsabilidad. Todo lo que pasa tiene que solucionarlo el comandante, desde que se enferma una persona y muere, hasta que se rompa una turbina. Esto no quiere decir que tenga que tomar alguna acción, porque hay veces que no podés hacer nada, pero la responsabilidad es del piloto, o sea, mía.
¿Qué es lo más riesgoso?
Casarse, supongo yo… (Risas)
En un vuelo…
Un montón cosas de cosas. Pero esto no quiero decir que sea peligroso. Hay muchísimas más probabilidades (está comprobado), que te pase algo malo en un micro o en auto. Lo riesgoso… si uno se pone a pensar que esta sentado a 10000 m. de altura, eso ya es bastante riesgoso, pero no quiere decir que es peligroso. Pero eso sí, todo lo que le pase a un avión es escandaloso, porque es impresionante. Si le pasa algo a un avión en China, todos se enteran; si se chocan dos autos en Uruguay nadie se entera.

La libertad, Sancho…

Escrito por Juan Ignacio Contreras Diciembre - 11 - 2007

grito

No es de extrañarse en estos días que vivimos, que las personas aludan a la frase: “¡Pero si él es libre de expresarse!” Pero esto, ¿es de verdad así?, o ¿tiene que ser así? ¿Cuándo uno puede expresarse y cuándo no?
Si bien lo que lograron los hombres hace mucho tiempo, de poder tener la libertad de expresarse, suena ahora como algo lejano y sin demasiada importancia y como si lo que de verdad querían esos hombres, ahora a algunas personas no les conviene que sea tan así. Estamos lejos ya, de no estar pendientes de lo que las otras personas pueden pensar si nosotros nos expresamos, o lo que pueden decir. Frente a esto, o uno se queda callado y sin poder decir nada o todo lo contrario, empieza la
violencia, para demostrar cuál es la “verdad” que triunfa.

Hay chicos en nuestras propias aulas, que están pendientes de lo que otro u otros pueden decirle o simplemente del hecho de no valorar su propia opinión. Éste es el gran dilema. Si uno no cree en lo que dice, por la presión que ejercen las demás personas, se siente oprimido. No se siente libre. Cuando se logra traspasar esta barrera: tomando confianza en uno mismo, creyendo que lo que uno dice tiene un valor profundo e importante, uno hace una experiencia de libertad muy grande, una libertad tan grande que lo que los demás pueden llegar a decir, ya no importa. Y al ver a alguien tan convencido por lo que dice, con la certeza que lo dice, uno que es serio se percata de esto y le intriga, por más de que esté de acuerdo o no con lo que se dice, y quiere ir al fondo de esto, hasta el punto de comprobarlo.
Pero, ¿cuándo uno se puede expresar y cuándo no? Es decir, hay que ver la razón y el motivo por el cual las personas se expresan. Porque también, hay personas que se expresan para callar a otros que también se están expresando libremente. Entonces, ¿Cuál es lo motivo por el cual alguien se debe expresar y otros no? El motivo es tener algo que verdaderamente quieras comunicar, que tenga un sentido y que no sea simplemente porque no te gusta lo que el otro esta diciendo o peor aún, por ser enviado por alguien, para reprimir a los otros.

Para llegar ante un punto de relación entre dos posturas diferentes, entre las personas, la única solución es el Diálogo. Sin este método, es imposible encontrar una solución. Esto es algo que se ha dejado de utilizar, que se tiene muy lejano, pero que sin embargo es la única forma para lograr encontrar esta solución. Una de las personas que entendió esto fue el papa Juan Pablo II, que al ver el conflicto que estaba pasando acá en las Malvinas y después el problema con Chile, decidió poner las cartas sobre la mesa y dialogar entre aquellos a los que les incumbía. Así se logro, mediante el diálogo, llegar a un arreglo pacífico y positivo, sin necesidad de recurrir a otras medidas. Por eso, es que este método utilizado por Juan Pablo II, tendría que ser utilizado por todos.

¿Es buena la libertad? ¿Quién dirige la mia?

Escrito por Ezequiel Santiago Rodriguez Diciembre - 10 - 2007

fuego

“Han pasado ya quince siglos desde que Cristo dijo no tardare en volver…”
Así comienza esta gran obra de Fiodor Dostoievski que nos muestra una hipotética visita de Cristo a los hombres. El relato posee una fuerte crítica a la Iglesia Católica pese a que el autor profesaba esa religión.
Esta historia comienza en una plaza de Sevilla en los tiempos de la Inquisición, con Cristo pasando entre la multitud siendo reconocido por la gente. Por allí también pasaba un cardenal que cumplía la función de inquisidor quien apenas lo reconoce, manda a encarcelarlo. Mientras esta en su celda Jesús es interrogado por el Inquisidor, éste le plantea diversos “errores” que habría cometido en su vida publica.

El Inquisidor le reclama no haberle quitado la libertad al hombre que es una cosa muy pesada y en vez de extirpársela; El deseo que el hombre lo eligiera libremente sin comprarlo con pan, ni dándole demostraciones de poder, sin someterlo.
La postura que representa el Inquisidor en este relato es muy común y humana a la vez ya que el piensa que Dios tendría que haber acabado con el hambre dándole pan al hombre. No permitiendo que sufriese más, en vez de eso El dio otro tipo de pan, el pan del cielo, o sea la libertad que llena mucho más que cualquier otra cosa.
La crítica, muy fuerte, a la Iglesia se nota al plantearse el tema de la libertad. El Inquisidor le reprocha a Cristo el hecho de preferir al hombre libre capaz de elegir y decidir. Y le plantea que “ellos” (el Inquisidor y la Iglesia) ya no están con Él sino que han elegido manipular esa libertad que se le había dado al hombre, usando la excusa del pan de la tierra, lo finito, banal. De este modo ellos cargarían con la libertad de la humanidad como si fuese su cruz, reinando en nombre de Dios pero lejos de Él.
Al final vemos  a Cristo dándole un beso en la frente al Inquisidor y éste, lo echa diciendo “vete y no regreses nunca”. Como echándolo de toda su propia obra y decidiendo qué hacer sobre el destino de la humanidad.

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“No hay un instante que no esté cargado como un arma” Escribía Borges. Con la revista Leviatán, pretendemos decir que no hay ni una sóla palabra, ni una sóla circunstancia, y ni un sólo instante en la vida; que si se lo busca con profundidad, esté cargado con Verdad. O con preguntas. Al fin y al cabo, cada pregunta verdadera, implica una Verdad; y no existe Verdad alguna que no nos genere preguntas. La revista está a la espera notas y críticas de cualquiera que desee participar para seguir alimentando al monstruo.

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